Un beso del infierno

Meravellosa Minoría
Fuente: Pericos Online

Y de repente, ese autobús amarillo del que desconoces origen y destino, abre la Diagonal como una cremallera que deja al desnudo un Matrix futbolístico invisible para la mayoría.

Una Meravellosa minoría sobre ruedas que se adentra en las entrañas de la ciudad con el aplomo de quien se sabe de vuelta a casa. Y confirmas que sí, que el Espanyol existe, que es real. Que el Espanyol ha despertado de su letargo y vuelve a las calles que le vieron nacer.

Parece que por fin hemos entendido que nuestra guerra es la guerrilla; que nuestro camino es eso, un camino, no un destino. Y que si no queremos que otros desvirtúen nuestro relato, debemos escribirlo nosotros. Hoy que los clubes grandes se alejan y se vuelven artificiales, volátiles y vacíos; por esencia y por oportunidad, el camino del Espanyol es el contrario, eliminar barreras y acercarse con naturalidad a la calle y a la gente para volver a ese pasado del fútbol que será nuestro futuro: la comunidad. Seguir leyendo “Un beso del infierno”

“Me gusta el Espanyol… y tengo bastante con eso”

Lo dijo Casilla en el Calderón tras ser preguntado por su posible destino atlético a final de temporada. Nos sorprendió (para bien) su respuesta porque nos hemos acostumbrado a que nuestros jugadores (sólo) entiendan el Espanyol como una escala en su camino y hemos aceptado como algo normal que los canteranos sueñen más allá de Cornellà desde Sant Adrià.

Los aficionados hacemos conjeturas con el beneficio que obtendrá el club de la venta de jugadores que aún no han debutado. La información blanquiazul pivota sobre eternos procesos de renovación que nunca cuajan y sobre el interés de otros clubes en nuestros mejores jugadores; jugadores que especulan públicamente con las necesidades económicas del Espanyol para dejar su puerta de salida entreabierta.

Tal vez siempre fue así, pero sin darnos cuenta hemos interiorizado que somos poca cosa para cualquier jugador que destaque dos domingos seguidos. No entendemos qué podrían ver en nosotros para querer seguir aquí. Hemos ido perdiendo autoestima hasta aceptar como algo inevitable que Getafe o Swansea fichen canteranos blanquiazules imberbes (convertir en principal la puerta de atrás del Espanyol tampoco ha ayudado a que chavales, y no tan chavales, quieran echar raíces).

Nos hemos descuidado y hemos dejado de mirarnos en el espejo asumiendo que nunca podremos ser ese club con el que soñamos. En 113 años no hemos sido capaces de forjar una identidad sólida y reconocible a la que agarrarnos para hacernos fuertes más allá de nuestro momento o del contexto. No hemos sabido establecer un relato con el que recordar/explicar nuestro porqué a quienes nos miran desde la duda o el prejuicio. Todavía no, pero podríamos hacerlo, depende exclusivamente de nosotros. Seguir leyendo ““Me gusta el Espanyol… y tengo bastante con eso””

Un Espanyol que haga feliz a su gente

Bill ShanklyBill Shankly aterrizó en el 59 en un Liverpool en decadencia que deambulaba por Segunda sin poder acercarse al poderoso Everton del momento; y cambió el rumbo del club, para siempre. Los signos más reconocibles del actual Liverpool, desde el rojo de su uniforme hasta el ‘This is Anfield’ con el que recibe el estadio a propios y extraños, fueron obra de este apasionado escocés que además de 3 Ligas, 2 Copas y 1 UEFA, consiguió forjar una identidad reconocible y perdurable para los reds.

Más allá de sus éxitos deportivos, en la que fue su casa (solía registrarse en los hoteles con la dirección del estadio de Anfield) se le recuerda por haber hecho feliz a la gente: ‘Bill Shankly: He made people happy’ puede leerse en la estatua conmemorativa del 100º aniversario de su nacimiento.

Tratamos de complicarlo pero todo lo que el fútbol puede llegar a ser se circunscribe a las emociones y la felicidad que provoca. Se resume en miles de miradas empujando un balón que transporta sueños infinitos sobre su estela. Pensaba en ello mientras leía la noticia de esa niña “marginada” en el colegio por vestir de blanquiazul y me costaba encontrar algo de felicidad entre las sensaciones que provoca hoy el Espanyol. Muy poco que ofrecer como contrapeso a las injusticias y a la doble moral que nos rodea.

Percibo hartazgo, agotamiento y una cierta resignación producto de ese cortoplacismo gris al que se ha visto reducida la entidad. El contexto social, plagado de sinsabores, penaliza a los equipos que, atenazados por la falta de recursos, se limitan a la resistencia y el sufrimiento. Equipos, que como el nuestro, no son capaces de alimentar con sueños y esperanzas sentimientos cada vez más difíciles de legar. Y no debería ser tan difícil hacer feliz a un perico que es capaz de celebrar los corners como victorias. Seguir leyendo “Un Espanyol que haga feliz a su gente”

Volver a emocionar

RCDE

Los grandes momentos se marcan en nuestra retina y condensan épocas, sensaciones y experiencias a las que en muchas ocasiones resulta difícil hacer justicia con palabras. Pensaba en ello mientras veía Marcats pel 21, segunda entrega de la terna de traumas que han marcado la historia reciente del Espanyol.

Leverkusen, Sarrià y Jarque han fundido en uno solo los corazones de miles de personas, blanquiazules o no. Emociones compartidas sin matices que nos han movido a la acción para construir tras la desolación inicial. Puntos de inflexión que han ayudado a cimentar una identidad luchadora y un tanto hermética. Una personalidad marcada por un instinto de supervivencia que nos hace especialmente hábiles en la adversidad.

Lágrimas, abrazos, suspiros, risas, nervios, ansiedad y miradas transparentes movidas por una energía; a veces constructiva, a veces lo contrario, que hacía latir esa gran trinchera de barricadas que es el Espanyol. Emociones que se han esfumado dejando paso por agotamiento a la indiferencia, el hartazgo y la resignación. Ilusiones que han muerto en un presente condenado a no tener más futuro que el previsible siguiente partido.

Demasiado tiempo apelando a la militancia, demandando un penúltimo esfuerzo para mantener a flote la nave. Demasiadas palabras vacías y promesas sobre papel mojado. Demasiadas exigencias sin retorno, incompatibles con un presente que nos exige el 100% de nuestra energía para superar ese partido diario que es hoy la vida. Demasiado cortoplacismo miope que nos ha robado los sueños. Porque eso es el fútbol: sueños colectivos sobre un tapiz verde; ilusiones compartidas y significados subjetivos e irracionales que hacen que la pelota siga rodando en campos como el nuestro, donde la razón lleva más de 113 años estrellándose. Seguir leyendo “Volver a emocionar”