¿Ves fútbol o vives el fútbol?

Como ya es costumbre, la actualidad perica viene cargada de noticias que alimentan un irracional deseo de que llueva napalm sobre el Power8. Por suerte, luego llega el domingo y, parafraseando a Toshack, vuelves a apoyar a esos cabrones (11 sobre el campo) que para bien o para mal tienen parte del futuro del Espanyol en sus pies y manos.

Y es que, a pesar de todo y de todos, ser perico es una recomendable experiencia que podemos convertir en algo único y atractivo; si sabemos construirla y venderla, si le perdemos el miedo a ser irreverentes y a abrir el Club a la comunidad, si arriesgamos, si nos lo creemos…

Navegaba entre deseos y ensoñaciones cuando hace unas semanas di en twitter con Eduard Voltas, editor de la revista Time Out Barcelona. Publicaba Eduard en su cuenta la creación de un ‘Hub de contenidos’ (un punto en el que concentran información práctica, además de actividades, lugares, hitos, etc.) pensado para estudiantes extranjeros en Barcelona. Entre esos ‘must’, no podía faltar la sección FC Barcelona: “Barça & Bcn”.

Con un poco de sorna le recordé eso de que Barcelona es més que un Club y con lacónica condescendencia me emplazó a un ya-si-eso futuro que todavía no ha llegado.

Futur Espanyol

Más allá de la sintomática anécdota, constaté en aquel momento 3 cosas:

1) Que la contradicción es inherente al ser humano: aquellos que más colores necesitan para dibujar la vida no usan luego más de dos para pintar el deporte.

2) Que la indiferencia es peor que el rechazo.

3) Y que el Espanyol sólo sobrevivirá otros 114 años si consigue crear y alimentar una comunidad propia basada en la participación y la experiencia compartida. Seguir leyendo “¿Ves fútbol o vives el fútbol?”

Un beso del infierno

Meravellosa Minoría
Fuente: Pericos Online

Y de repente, ese autobús amarillo del que desconoces origen y destino, abre la Diagonal como una cremallera que deja al desnudo un Matrix futbolístico invisible para la mayoría.

Una Meravellosa minoría sobre ruedas que se adentra en las entrañas de la ciudad con el aplomo de quien se sabe de vuelta a casa. Y confirmas que sí, que el Espanyol existe, que es real. Que el Espanyol ha despertado de su letargo y vuelve a las calles que le vieron nacer.

Parece que por fin hemos entendido que nuestra guerra es la guerrilla; que nuestro camino es eso, un camino, no un destino. Y que si no queremos que otros desvirtúen nuestro relato, debemos escribirlo nosotros. Hoy que los clubes grandes se alejan y se vuelven artificiales, volátiles y vacíos; por esencia y por oportunidad, el camino del Espanyol es el contrario, eliminar barreras y acercarse con naturalidad a la calle y a la gente para volver a ese pasado del fútbol que será nuestro futuro: la comunidad. Seguir leyendo “Un beso del infierno”

“Me gusta el Espanyol… y tengo bastante con eso”

Lo dijo Casilla en el Calderón tras ser preguntado por su posible destino atlético a final de temporada. Nos sorprendió (para bien) su respuesta porque nos hemos acostumbrado a que nuestros jugadores (sólo) entiendan el Espanyol como una escala en su camino y hemos aceptado como algo normal que los canteranos sueñen más allá de Cornellà desde Sant Adrià.

Los aficionados hacemos conjeturas con el beneficio que obtendrá el club de la venta de jugadores que aún no han debutado. La información blanquiazul pivota sobre eternos procesos de renovación que nunca cuajan y sobre el interés de otros clubes en nuestros mejores jugadores; jugadores que especulan públicamente con las necesidades económicas del Espanyol para dejar su puerta de salida entreabierta.

Tal vez siempre fue así, pero sin darnos cuenta hemos interiorizado que somos poca cosa para cualquier jugador que destaque dos domingos seguidos. No entendemos qué podrían ver en nosotros para querer seguir aquí. Hemos ido perdiendo autoestima hasta aceptar como algo inevitable que Getafe o Swansea fichen canteranos blanquiazules imberbes (convertir en principal la puerta de atrás del Espanyol tampoco ha ayudado a que chavales, y no tan chavales, quieran echar raíces).

Nos hemos descuidado y hemos dejado de mirarnos en el espejo asumiendo que nunca podremos ser ese club con el que soñamos. En 113 años no hemos sido capaces de forjar una identidad sólida y reconocible a la que agarrarnos para hacernos fuertes más allá de nuestro momento o del contexto. No hemos sabido establecer un relato con el que recordar/explicar nuestro porqué a quienes nos miran desde la duda o el prejuicio. Todavía no, pero podríamos hacerlo, depende exclusivamente de nosotros. Seguir leyendo ““Me gusta el Espanyol… y tengo bastante con eso””

Un Espanyol que haga feliz a su gente

Bill ShanklyBill Shankly aterrizó en el 59 en un Liverpool en decadencia que deambulaba por Segunda sin poder acercarse al poderoso Everton del momento; y cambió el rumbo del club, para siempre. Los signos más reconocibles del actual Liverpool, desde el rojo de su uniforme hasta el ‘This is Anfield’ con el que recibe el estadio a propios y extraños, fueron obra de este apasionado escocés que además de 3 Ligas, 2 Copas y 1 UEFA, consiguió forjar una identidad reconocible y perdurable para los reds.

Más allá de sus éxitos deportivos, en la que fue su casa (solía registrarse en los hoteles con la dirección del estadio de Anfield) se le recuerda por haber hecho feliz a la gente: ‘Bill Shankly: He made people happy’ puede leerse en la estatua conmemorativa del 100º aniversario de su nacimiento.

Tratamos de complicarlo pero todo lo que el fútbol puede llegar a ser se circunscribe a las emociones y la felicidad que provoca. Se resume en miles de miradas empujando un balón que transporta sueños infinitos sobre su estela. Pensaba en ello mientras leía la noticia de esa niña “marginada” en el colegio por vestir de blanquiazul y me costaba encontrar algo de felicidad entre las sensaciones que provoca hoy el Espanyol. Muy poco que ofrecer como contrapeso a las injusticias y a la doble moral que nos rodea.

Percibo hartazgo, agotamiento y una cierta resignación producto de ese cortoplacismo gris al que se ha visto reducida la entidad. El contexto social, plagado de sinsabores, penaliza a los equipos que, atenazados por la falta de recursos, se limitan a la resistencia y el sufrimiento. Equipos, que como el nuestro, no son capaces de alimentar con sueños y esperanzas sentimientos cada vez más difíciles de legar. Y no debería ser tan difícil hacer feliz a un perico que es capaz de celebrar los corners como victorias. Seguir leyendo “Un Espanyol que haga feliz a su gente”