El malo de la película

James Dean, Rebelde sin causa
Pocos lo saben pero estoy en este mundo de regalo. A los 17 cerré los ojos en un quirófano sin saber si volvería a abrirlos y 20 años después sigo por aquí, soy claramente un tío con suerte. Aquello me cambió: le perdí el miedo al miedo, simplifiqué y aprendí a ver el vaso medio lleno. Dejé de tomarme tan enserio a mí mismo y a mis supuestos problemas y decidí atreverme más y calcular menos.

Porque hasta cuando no me convenga, me conviene. Y esta es una de esas veces; no me va bien (más fútbol), no me apetece (hablar de mí) y sé que lo mejor que tenía que escribirle esta temporada al Espanyol ya se lo he escrito. Pero quiero hacerlo porque como dice un sabio amigo, en ocasiones hay hacer lo que se debe aunque se deba lo que se hace.

No tengáis miedo

Tenéis el futuro del Espanyol en vuestras botas y quedan 8 partidos para que ejerzáis sin complejos como lo que sois: los malos de la película.

No hace falta estar en ese vestuario para saber que algo no funciona y no tenemos a Al Pacino para arreglarlo. El atajo es dejar de pensar que el mundo conspira contra nosotros, que tenemos mala suerte, que merecemos otra cosa o que somos mejores que la situación. En definitiva, el atajo es asumir que nadie se fija en nosotros más allá de nuestra pequeña aldea. No importamos. No somos tan importantes como para importar.

RCD Espanyol, el peor equipoA la contra

Este club nació a la contra: por eso cada intento de domar el balón y la grada ha fracasado en el Espanyol. Por eso aquí no funcionan los buenos chicos y sí quienes son capaces de robarle el balón a un amigo mientras lo bota.

Y la vida os regala 8 partidos más en la élite para que os liberéis y le robéis el desenlace al destino. No necesitáis caer bien, ni competir en popularidad: esas batallas se perdieron hace un siglo más o menos. Saltad al campo sin miedo y jugad el partido de fútbol que más disguste a cada equipo, periodista y aficionado rival. Disfrutad mientras veis el miedo enfrente, porque nada da más miedo en un duelo que alguien que parece no tenerlo.

Haced que cada uno de los 8 equipos que jueguen contra vosotros os odie. Que su prensa os odie. Conseguid que vuestras cuentas de Instagram se llenen de insultos, que os reporten por spam. Los pericos estaremos ahí.

Y muchos como yo seguiremos en nuestro asiento presencial o virtual hasta que bajemos la persiana, el club o nosotros. En Primera o en Tercera. ¿Pero por qué regalar la Primera si todavía podemos romper el guión que nos han escrito? Solo tenemos que salir ahí y representar el papel que mejor nos va, ser los malos de la película.

Solo tenemos que salir ahí y ganar.

Las reglas del club

El RCDE de la lucha
Nos advirtieron por activa y por pasiva que no entráramos. Unos nos ofrecieron la decepción como menú diario, otros nos amenazaron con la marginalidad y el oprobio.

Nos señalaron el camino hacia la redención y no hicimos caso… aquí seguimos algunos, muchos o pocos, los suficientes para que no quede nada en pie hasta que el árbitro pite el último final del último partido.

Somos lo peor del peor equipo de fútbol del mundo. Somos los hijos bastardos de una historia creada por y para otros. Pero hasta en el sótano del infierno hay códigos y reglas que conviene respetar mientras nos vamos ordenadamente a la mierda:

  1. La meta es el camino: ni una sola señal en el universo nos invitó a unirnos al Espanyol, más bien lo contrario. Nuestro destino es fajar, encajar, caer, volver a caer y tal vez, alguna vez, levantarnos unos segundos para lanzar un golpe al aire antes de volver a caer.
  2. Venid llorados de casa: será feo, largo y todo apunta a que sin final feliz. Siempre fue así. La vida del 99.9% de mortales es así. No lo lamentéis por vuestros hijos, agradeced que tengan la oportunidad de aprender de qué va esto gracias al fútbol, otros tropezarán con la realidad sin un balón de por medio.
  3. Aceptad que el peor enemigo del Espanyol siempre ha sido el Espanyol. Sé que hoy no soportas ver la cara de los 11 jugadores que visten tu camiseta, te rasgas las vestiduras cuando miras al palco y solo ves miradas altivas y desconexión, te invade la rabia y ni tan siquiera puedes maldecir ya al pasar por Vilassar. Esas son nuestras cartas.
  4. Somos una familia mal avenida: 3 pericos dan lugar a 4 barricadas irreconciliables que solo se unen en los peores momentos. Y ese momento (casi siempre) es ahora.
  5. Tomad conciencia de una verdad incómoda: no le importamos un carajo a nadie. Repito, a nadie. Los pericos estamos solos. Somos instrumento para unos, excusa para otros y anécdota para la mayoría. Cabe la posibilidad de que no le caigamos bien ni al mismísimo dios. Esa es nuestra ventaja, nosotros ya lo sabemos.
  6. No tenemos nada que perder porque ya lo hemos perdido todo: nos relegaron a la cara b del fútbol, reescribieron nuestro relato y limitaron nuestra capacidad de influencia. Por eso somos tan peligrosos cuando caminamos por el alambre, somos libres.
  7. No esperes nada de nadie que no lleve la blanquiazul: nadie nos salvará de nosotros mismos. Haz o no hagas pero no esperes que nadie lo haga por ti.
  8. No busquéis razones para creer, no las hay. Sé que no crees en la salvación, yo tampoco. Es tan improbable lograrla como encontrar un solo argumento para explicar que el Espanyol siga existiendo. Y no hay más plan que volver a domar la fe para escribir otro renglón torcido. Y en eso ando yo con lo que me alcanza.
  9. Mañana no existe: disfruta cada previa, graba a fuego el recorrido hasta el vomitorio del estadio, memoriza cada detalle del paisaje a tu alrededor al tomar asiento… vive estos 6 meses como si fueran los últimos, porque tal vez lo sean.
  10. Y no olvides la primera regla del club: nosotros somos el club. A pesar de todo y de todos. Así que, aunque te maldigan en el minuto 15, arrastra a cada perico de tu entorno al estadio. Y si nunca han estado, ofréceles el mejor bautismo posible: la mayor orgía del desastre y el absurdo futbolístico que jamás conocerán.

Es el momento: deja tu fingida indiferencia en el armario y saca la bufanda del cajón, cuelga la blanquiazul en tu balcón, vuelve a tu peña, reúnete con los viejos amigos antes de cada partido y aplaude, canta, grita, anima y abraza a extraños con cada brizna de esperanza.

Nadie te lo agradecerá pero nunca te lo perdonarías.

Acepta las reglas y únete al #RCDEdelalucha.

Empezamos.

Se nos acabó la fe de tanto usarla

RCD Espanyol estadio
A finales de los 90, pedir la camiseta del Espanyol en El Corte Inglés de Murcia o Alicante era una auténtica cuestión de fe. El dependiente te miraba desconcertado y acto seguido te preguntaba si lo que en realidad buscabas era la camiseta de la Selección española. Entonces yo insistía, que no, que lo que quería era la camiseta del Espanyol de Barcelona. Mis padres contemplaban la escena compungidos a un par de metros de distancia, como si no quisieran ver el desenlace.

A veces me ofrecían llamar a Barcelona para encargarla (luego descubrí que era igual de difícil encontrar la camiseta en Barcelona), ¿pero qué era eso de encargarla? Yo quería mi camiseta en ese momento, buscaba a alguien que me entendiera y me hiciera creer que aquello era normal. Esperaba que me preguntaran qué número quería estampar y que me dieran una palmadita en la espalda cuando saliera por la puerta con ella puesta: “hala, dales duro Tamudo”. Pero nada de eso sucedió nunca.

Tuve que esperar a 2004. Apenas 2 días después de llegar a Barcelona subí a Montjuïc, compré mi camiseta en aquella tienda improvisada frente al Olímpic y bajé la montaña feliz como un niño.

Ocultar la fe perdida

Hace tiempo que dejé de encontrar argumentos pero he seguido agarrado a la fe para resistir 15 días más; ya saben, ludopatía sentimental. Quería y quiero creer que si lo intento una vez más descubriré en este Espanyol las huellas de ese relato que tengo en mi cabeza. Desde hace algún tiempo me siento como Don Manuel en San Manuel Bueno, mártir; ocultando mis crisis de fe a los que todavía la profesan de forma ciega.

La resistencia permanente sin causa compartida se deshace como un azucarillo, no solo por los resultados deportivos, que nunca han sido el fuerte de la casa, sino por la tendencia futbolística general de alejarse de sus aficionados. Seguir leyendo “Se nos acabó la fe de tanto usarla”

Un beso del infierno

Meravellosa Minoría
Fuente: Pericos Online

Y de repente, ese autobús amarillo del que desconoces origen y destino, abre la Diagonal como una cremallera que deja al desnudo un Matrix futbolístico invisible para la mayoría.

Una Meravellosa minoría sobre ruedas que se adentra en las entrañas de la ciudad con el aplomo de quien se sabe de vuelta a casa. Y confirmas que sí, que el Espanyol existe, que es real. Que el Espanyol ha despertado de su letargo y vuelve a las calles que le vieron nacer.

Parece que por fin hemos entendido que nuestra guerra es la guerrilla; que nuestro camino es eso, un camino, no un destino. Y que si no queremos que otros desvirtúen nuestro relato, debemos escribirlo nosotros. Hoy que los clubes grandes se alejan y se vuelven artificiales, volátiles y vacíos; por esencia y por oportunidad, el camino del Espanyol es el contrario, eliminar barreras y acercarse con naturalidad a la calle y a la gente para volver a ese pasado del fútbol que será nuestro futuro: la comunidad. Seguir leyendo “Un beso del infierno”