Con la libreta cargada

PeriodismoCrucé el umbral de la puerta excitado por la emoción de la primera vez y en la penumbra vi aquella figura voluminosa, tosca, de mirada sucia y voz desagradable. Me detuve a escucharlo a unos metros de distancia, hablaba sin reparos de dar y quitar ante un corrillo de compadres. Lo hacía subido a la soberbia de quién se sabía por encima del bien y del mal, dueño (del destino) de todo(s) lo(s) que le rodeaba(n).

Han pasado casi 12 años y sigo teniendo grabado a fuego ese fresco en el Ayuntamiento de mi pueblo. La inocente temeridad del momento me llevó a creer que la cámara, el micrófono y la libreta serían armas más que suficientes para dar la batalla a aquel cacique y a todos los que como él, se creyeran con derecho de pernada. Lo creí de verdad, tal como un día le dijo José Monerri a su entonces discípulo Pérez-Reverte; luego empecé a contrastar los hechos. Seguir leyendo “Con la libreta cargada”