Un charnego de manual entre dos Españas

Un par de días después del atentado de Barcelona pensé escribir sobre cómo la excelente gestión de la comunicación que realizaron los Mossos de Esquadra ha servido para mejorar la reputación de uno de los Cuerpos de Seguridad más cuestionados. También tenía en mente una reflexión sobre la dicotomía que me produce la envalentonada actitud de gritar no tinc por tras el horror y lo humano de tenerlo (el miedo nos mantiene alerta), pero aquí nunca dejamos que la realidad nos distraiga de nuestra función.

Todo ha quedado en segundo plano, sepultado bajo banderas, editoriales y juicios sumarísimos de 140 caracteres en los que no hay espacio para la traición equidistante. En este mar de buenos muy buenos y malos muy malos reinan las certezas incuestionables fáciles de digerir. Y eso es precisamente lo que me lleva a desconfiar. Por eso, coincidiendo con estas 34 primaveras que inauguro, he decidido explicar mi visión del momento a través de mi única verdad: mi historia no equidistante entre dos Españas bañadas por el Mediterráneo.

Capítulo 1: soy un charnego* de manual

13 años en Barcelona me han llevado a sentir la ciudad como propia, a comprender y apoyar algunas reivindicaciones de una parte significativa de los catalanes, así como a apreciar y abrazar rasgos de su identidad hasta hacerlos míos. Nunca, ni en el ámbito académico, ni en el profesional o el personal he tenido problema alguno por cuestiones idiomáticas o identitarias. Todos mis días empiezan desde hace años con ‘bon día’ y acaban en ‘bona nit’ y he adoptado frases supremas como ‘s’ha acabat el broquil’ o ‘la gallineta ha dit prou’. Suelo enfadar (aún más) a mi mujer diciéndole que ‘té la cua de palla’ cuando se enfada con razón; y lo más importante, siento que ya estoy en casa cuando me acerco al Prat o a Sants.

Por otra parte, soy un charnego de manual

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Dicen ‘la gente’ aunque solo se refieren a ‘su gente’

Confrontación

Sitúo el listón a superar por cualquier político en algo tan elemental como su sincera voluntad de servicio a la comunidad. No tengo más método de evaluación que la hemeroteca y un instinto que me ayuda a detectar cuando alguien viene a servirse en lugar de a servir.

Partidos políticos nuevos, viejos y mediopensionistas siguen saturados de especialistas en hacer de cada solución un problema. Trileros del cortoplacismo que trapichean con nuestro futuro para salvar su presente. Mala gente marcada en muchos casos por una rabiosa mediocridad que desgraciadamente admitimos como estándar de nuestra política. Seguir leyendo “Dicen ‘la gente’ aunque solo se refieren a ‘su gente’”

Corriendo huerto adentro

EspañaCorría huerto adentro cada vez que escuchaba el sonido de un avión sobrevolando el pueblo. El miedo a esa guerra eterna que es España se clavó en su alma y nunca le abandonó. Mi tata (mi tío bisabuelo en realidad) era un buen hombre o lo que es lo mismo, un pobre hombre a manos de este vil lugar. La guerra se cruzó en su camino y los fogones a los que algún general caritativo le destinó le libraron de una muerte segura. Cualquiera de los que lo conocimos sabemos que no hubiera sido capaz de empuñar más que la hoz y la azada con la que se ganó la vida. Seguir leyendo “Corriendo huerto adentro”

Vivan las cadenas

Vivan las cadenas
http://cosmem.blogspot.com.es/2012/03/del-viva-la-pepa-al-vivan-las-cadenas.html

Hoy 11 de septiembre, miles de almas bienintencionadas, muchas todavía con acento andaluz y extremeño, se unirán a la Vía catalana, una cadena humana que reivindica el derecho a decidir, o la independencia, o la libertad, o el hartazgo por el robo de Madrid, o todo a la vez. Será una cruzada por la recuperación de la prosperidad arrebatada hace… 300 años. El último gran momento de las cadenas lo vivimos en 1814, cuando muchos bienintencionados ciudadanos madrileños recibieron a Fernando VII al grito de “¡vivan las caenas!”, soltaron los caballos y se pusieron a tirar ellos mismos del carro de su deseado monarca absolutista.

La historia de España está marcada por el fracaso, el desprecio a la razón, la perseverancia en el error y el empleo de nuestras escasas armas en batallas equivocadas contra enemigos no menos equivocados. Es una historia construida sobre uniones temporales de intereses contra algo o alguien, a menudo el vecino. El capítulo catalán forma parte nuclear de ese oscuro libro, que acabará como y cuando tenga que acabar, pero que ha sido escrito entre todos.

Sea cual sea el final, con unos u otros gestionando nuestra cartera, la mayoría seguirá encontrando su patria al cruzar la puerta de casa y la bandera más representativa continuará siendo a cuadros y servirá para cubrir la mesa del comedor. No creo que casi nadie esté hoy en condiciones de juzgar al prójimo por encadenarse o no para defender como mejor crea conveniente el plato de comida de los suyos, pero no nos hagamos más trampas al solitario. Esto no tiene que nada ver con dignidad, igualdad, libertad y fraternidad; esto va sobre todo de la ubicación de la caja registradora. Así que, dejemos el victimismo, porque ser victima de la estupidez histórica de nuestros dirigentes no es patrimonio ni mérito exclusivo de nadie. Seguir leyendo “Vivan las cadenas”