#RCDE: Una cuestión de actitud

Salida tunel de vestuarios RCDEDía de derbi en Barcelona, los vagones de metro se van llenando de aficionados blaugrana camino del Camp Nou y poco a poco mi discreta bufanda del Espanyol se va convirtiendo en una diana de miradas furtivas a medio camino entre la incredulidad, la sorna y un contenido desprecio. Susurros precedidos de ligeros toques al compañero de grada y algún que otro comentario subido de tono proveniente de la manada completaban la escena.

Trataba de captar la mayor cantidad de detalles del dantesco espectáculo metropolitano mientras me sumergía en un Tango con Pérez-Reverte. Al levantar la vista observé a un señor mayor algo desesperado mirando a uno y otro lado del abarrotado vagón, me levanté y le ofrecí mi asiento pero negó con la cabeza mientras me hacía un gesto con la mano pidiéndome que esperara. Al llegar a mí me aclaró que su mujer “té fatal els genolls” y era ella quién necesitaba sentarse. Mientras trataba de explicarse y agradecerme el gesto, lanzó un disimulado vistazo a mi bufanda y su cara dibujó una expresión de sorpresa. Seguir leyendo “#RCDE: Una cuestión de actitud”

El derbi entre líneas

Leía en el excelente blog de Miguel Ángel Violán, un interesante artículo sobre el pasado derbi barcelonés disputado por Espanyol y Barcelona. Comparto con él la desagradable sensación de haber entrado en una era en la que lo único que cuenta es el resultado y no los medios para alcanzarlo. En el caso del deporte, esta desnaturalización es una consecuencia directa de su mercantilización y del alto valor estratégico que alcanza para determinados grupos de interés.

El partido Espanyol – Barcelona del sábado es una muestra gráfica de una pérdida de valores que no atañe sólo a la entidad blanquiazul o a los clubes “pequeños”. La encerrona a la que se somete a los “jueces” está a la orden del día en todos los ámbitos (basta echar un vistazo al tema Estatut, Garzón o Gürtel) y también los grandes clubes de fútbol, como el propio Barcelona de Guardiola juegan de una forma sibilina con ese intangible que son las percepciones (sólo hay que leer entre líneas las declaraciones post partido del técnico azulgrana).

Cuando la exigencia sube y el resultado está en juego, hasta al mejor club del mundo comete acciones antideportivas (Xavi Hernández reclamando tarjetas para sus rivales en el Bernabéu hace una semana o provocando un penalti con una caída físicamente imposible durante el partido de ida frente al Espanyol) e indignas (dedicar los goles y la victoria frente al Espanyol del último derbi en Montjuïc a los radicales que minutos antes habían lanzado bengalas contra aficionados espanyolistas).

El caso de los “grandes de nuestra liga” es más sangrante si cabe, al contar con un gran circo mediático detrás que intenta condicionar decisiones (el sospechoso indulto que permitió la participación del Barcelona en la Copa del Rey 2001 y evitó el cierre de su estadio en 2002) y tergiversar realidades (el gol con la mano de Messi hace dos temporadas fue profundamente aplaudido y celebrado hasta convertirse en una nueva “mano de Dios”).

Desgraciadamente, el deporte no es más que el espejo de un mundo en el que no importan los porqués, un mundo en el que aumentan las desigualdades y en el que existen diferentes varas de medir en función de los protagonistas. Y es que, como ya constató Makinavaja: “en este mundo podrido y sin ética, a las personas sensibles sólo nos queda la estética”.