Anécdotas y consejos de un buscador de piso

Buscar piso en Barcelona
Cerraré el tema abierto referente a la búsqueda de piso con una breve recopilación de anécdotas que arrojan luz a algunos temas del proceso de oferta y demanda de pisos y que son manifiestamente mejorables.

Maten a ese fotógrafo

He visto cientos de anuncios de pisos y la calidad de las fotos es deplorable. No ya por el encuadre, la iluminación o la resolución (que también), sino por el contenido fotografiado: fregonas, ladrillos, suciedad, sábanas en el suelo, fregaderos repletos de platos, muebles rotos… ¿de verdad tiene intención de vender/alquilar su piso? En pleno siglo XXI y con los medios técnicos y online disponibles, por favor, preste atención a un tema crucial como la fotografía de su inmueble.

El enemigo en casa

Algunos intermediarios (agencias, administradores, etc.) parecen empeñados en que nadie adquiera una vivienda. El servicio al cliente, tanto el que les ha confiado el piso, como el que les contacta para interesarse es francamente mejorable. Aún a riesgo de caer en una generalización injusta, reproduzco conversación telefónica con agencia inmobiliaria de hace unas semanas:

– Fincas X: Fincas X.
– Yo: Hola buenos días, llamaba para interesarme por un piso en la C/X nºY, cuyo anuncio he visto publicado en Z.
– Fincas X: Sí, mmm… pues… esto lo lleva mi compañero… esto… ¿puedes llamar más tarde?
– Yo: ¿Sobre que hora podrá informarme su compañero?
– Fincas X: No te puedo decir, está fuera y no sé a qué hora volverá… (cómo se llamaba ese aparato tan de moda, ¿móvil?)
– Yo: No sé si podría avanzarme si el inmueble sigue libre (es una constante llamar preguntando por pisos anunciados en Internet que ya no están disponibles) y si podría visitarlo durante el día de hoy.
– Fincas X: Pues ni idea la verdad (¿bases de datos?, ¿agendas?).
– Yo: Muchas gracias por la atención (ironía mode).
– Fincas X: Adiós.

Otro de los problemas habituales son las dificultades para concretar visita al inmueble. En la mayoría de casos podéis olvidaros de los fines de semana, los viernes tarde y los periodos pre y post vacacionales y puentes.

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Capítulo 5 (final): Qualsevol nit pot sortir el sol

Mediterráneo
En el capítulo anterior: Barcelona tiene poder

Escribo hoy desde un lugar privilegiado de la Tierra y de la historia. No soy indiferente a la desgracia de quienes nacieron por azar en otros lares menos agradables y precisamente por eso me siento en la obligación de valorar lo que tengo. Hoy, aquí, a orillas del Mediterráneo, valorarlo significa defenderlo de la única forma que conozco: entrenando mi mirada con los elementos de precisión que por fortuna tengo a mi alcance: cultura, educación y el espíritu crítico que nos separa de la barbarie que llevamos dentro.

Aunque la corriente nos empuja hacia un sumidero de inmediatez maniquea, no me puedo permitir el autoengaño. He tenido buenos maestros, he estudiado a autores que me han obligado a cuestionarme infinidad de cosas y he tenido la suerte de ganarme la vida trabajando en comunicación a uno y otro lado de la barra. Por eso sé que la realidad no es fácil de explicar: que hacerlo de forma honesta requiere criterio y preparación y que es necesario contexto, tiempo y datos.

Sé que en la mayoría de ocasiones esa realidad es imposible de interpretar en 280 caracteres y que no siempre es nítida ni bonita. Sé también que siempre existirán interesados en mutilar nuestra ecuanimidad para hacernos más maleables.

Sucede hoy también. Seguir leyendo “Capítulo 5 (final): Qualsevol nit pot sortir el sol”

Doblaron las campanas

Obra de lenalindell20

 

 

Doblaron las campanas de la iglesia poco después de cerrarse la puerta. El ruido de sus pisadas sobre la nieve se alejaba pero yo seguía paralizado, con la respiración entrecortada, incapaz de salir de mi escondite en el hueco de la vieja escalera de madera.

 

Al fin, decidí incorporarme y apartando levemente el visillo de la ventana pude ver a lo lejos su silueta recortada bajo una farola.

 

En aquel mismo instante, como si me intuyera en la distancia, la sombra se detuvo y con ella mi corazón. Instintivamente quise esconderme de la luz pero rectifiqué sobre la marcha y volví a situarme frente al vidrio para contemplar aquella mancha inmóvil.

 

Entonces, venciendo todos mis temores, levanté tímidamente la mano y le escribí en el cristal empañado ‘Feliz Navidad’. 

Capítulo 4: Barcelona tiene poder

Barcelona, capítulo 4

En el capítulo anteior: aquellos marcianos que hablaban valenciano

Desde que recuerdo, siempre quise estar en Barcelona.

La Facultad de Ciències de la Comunicació de la UAB me dio la bienvenida con un ‘Catalonia is not Spain’ en la entrada y un menú que aquel primer día puso a prueba mis horas de Musculman y Bola de Drac: amanida, truita y mandonguilles. Aquello me sirvió de preparación porque con 21 años asistí a mi primera clase en catalán y… no pasó nada, de nada. Todo fue tal y cómo podía esperarse de una clase de Teorías de la comunicación: aburrido. El idioma no disipa el sopor.

Francisco Marhuenda era en 2004 un señor risueño que nos instruía en el Derecho de la información de forma distendida, compartiendo anécdotas de su vida parlamentaria y dejando escapar perlas como su admiración por María Teresa Fernández de la Vega. Ya digo que no siempre todo es tan simple como parece.

Ya por aquel entonces me aplicaba como máxima idiomática que, manejándome con unos mínimos, jamás le pediría a nadie, en ningún lugar, que cambiara su idioma de preferencia*. Hoy considero al catalán mi segundo idioma y disfruto en las conversaciones en las que se intercalan frases en diferentes lenguas.

Magnetismo

Caminar sobre el panot de flor que cubre el Eixample, adentrarme en los recovecos del Raval hasta dar con el Marsella, descubrir la Gràcia gitana que rememora a El Pescailla o cruzar la Diagonal para compartir unas bravas con la burguesía urbana se convirtió en algo cotidiano, mío. Barcelona, aún entre turistas y decorados fabricados para la ocasión, suposo mi oportunidad de adentrarme en las páginas de una ficción y una Historia que a duras penas se diferencian.  Seguir leyendo “Capítulo 4: Barcelona tiene poder”