Películas contra la nostalgia: visionado anual obligatorio

Películas para ver una vez al año
Imagen de Igor Ovsyannykov en Pixabay

Nostalgia es una palabra de origen griego que describe el anhelo por un momento o situación pasada. Es querer volver a ese instante en el que, como decía Don Draper, fuimos felices. Sucede con muchas situaciones en la vida pero el cine, como la literatura o la música, son creadores de momentos en los que nos gustaría quedarnos a vivir.

Los motivos que llevan a una obra a convertirse en una pieza de culto para cada uno de nosotros son absolutamente subjetivos pero existen ciertos patrones generacionales, culturales o regionales que pueden influir en que ciertas películas se conviertan en fetiche de visionado anual obligatorio.

En mi ranking personal hay un lugar destacado para Interstellar porque abre mi mente a un universo irresoluble que me ha apasionado desde que soñaba con ser astronauta. El metraje de Nolan me hace reclasificar todas mis ocupaciones y preocupaciones, como un zoom out infinito que me lleva a perderme de vista a mí mismo y por eso recurro al menos una vez al año a ella. Por otras razones y para otros momentos, las dos películas de ‘Solo en casa‘ (+1), como la de ‘Atrapado en el tiempo’ me devuelven a lo mejor de la Navidad aunque estemos a 40 grados y ‘Drive‘ me sabe a madrugada, mi momento del día desde siempre.

He lanzado esa misma pregunta en twitter y este es el resultado: a pesar de la inagotable oferta de cine y serie en la que nadamos, algunas personas siguen volviendo una y otra vez a esa película que les transporta a aquel lugar inolvidable (para ellos). Iré ampliando el listado con las respuestas que compartáis para que tengamos un repositorio de analgésicos para las nostalgias de cada cual: Seguir leyendo “Películas contra la nostalgia: visionado anual obligatorio”

Discurso de graduación MIB 2019: realistas digitales

Discurso Sergio Aguilar graduación MIB

Segunda parte (la primera no es apta para todos los públicos) del discurso de graduación realizado en Córdoba como afortunado representante de los alumnos de Barcelona del Master en Internet Business (MIB) de ISDI 2019.

Todos tenemos o vamos a tener responsabilidades laborales. Muchos ambicionamos tenerlas. Y es legítimo, pero la responsabilidad no se delega. Nuestra valentía no se medirá por la dimensión de las propuestas que aceptemos o propongamos sino por dar la cara cuando las cosas no vayan bien. Y a veces no irán bien.

Ser valiente es cumplir nuestra palabra, en mirar a los ojos y es ponernos en la primera línea durante la batalla y en la última para la entrega de medallas. Porque liderar es ser ejemplar.

Hoy me gustaría pensar que frente a mí estáis sentados los líderes de una transformación profunda que va más allá del digital. Una transformación en la que las palabras integridad, innovación y valentía se interpretan desde la vocación de servicio y no como retórica vacía.

Puede que las personas que hoy tenéis sentadas a vuestro lado no sean el próximo Steve Jobs, o sí. Pero por encima de eso, lo importante es que sean personas ejemplares de las que podremos estar orgullosos. Os pido que seamos esas mujeres y hombres de los que enorgullecernos.

Hemos llegado hasta aquí buscando redescubrir nuestros límites y estoy seguro de que seguiremos haciéndolo, en parte gracias a que hemos tenido buenos profesores, posiblemente los mejores en sus respectivas áreas. Hacer honor a lo que nos han enseñado requiere que exhibamos un espíritu crítico implacable. Porque la educación es eso, la combinación de cultura y espíritu crítico para hacer avanzar a la sociedad en la que crecerán nuestros hijos (y conste que no estoy animando a nadie a que se ponga al tema hijos esta noche); educación es cuestionarnos sin piedad las verdades heredadas y es, en última instancia y como máxima expresión de respeto y reconocimiento: rebelarnos ante esos mismos maestros que nos han mostrado la luz.

Por eso hoy, aquí, niego la mayor: ninguno de nosotros puede ser solo un optimista digital; somos la primera generación miber de realistas digitales. Todos hemos conocido las inmensas oportunidades y también los riesgos que supone la acelerada era digital en la que nos adentramos. Ser coherentes con ese conocimiento adquirido entraña la responsabilidad de usarlo para mejorar la vida de nuestros vecinos siendo también conscientes de las amenazas.

Quienes estamos hoy aquí hemos nacido en el lado bueno de la vida. Con nuestras alegrías y desgracias pero nos ha tocado habitar en un lugar y un momento privilegiado. La vida nos ha sonreído, así que devolvamos la sonrisa. Actuemos con responsabilidad y humildad, no miremos hacia otro lado ante los desafíos de nuestra sociedad, usemos lo aprendido en las horas que le hemos robado a nuestras familias para ayudar a construir un lugar más justo y sostenible, empleemos el talento de esta sala en causas que lo merezcan. Y no olvidemos el camino solo porque circunstancialmente lleguemos al destino.

Así que como mensaje final, os invito a hacer que nuestros compañeros y profesores se sientan orgullosos de nosotros, no solo por lo que logremos, sino por cómo lo logremos. Y en segundo lugar, os invito a que seamos realistas y luchemos por lo imposible.

Gracias,

Entrevista en el podcast Comunica de Raimon Sastre

Entrevista podcast Comunica Sergio Aguilar
Poniendo a prueba su criterio como productor,  Raimon Sastre
ha tenido a bien entrevistarme en su podcast Comunica. Charlamos sobre comunicación, reputación, intangibles y un amplio ‘varios’ en el que se incluye información de servicio sobre la reparación de un ascensor que nor atormentó en algunos momentos.

¿por qué me dedico a la comunicación?, ¿qué es la reputación?, ¿qué une y separa a periodistas y comunicadores?… dentro audio!

Hasta la próxima.

Comunicación punk: ¡Es la reputación, stupid!

Reputación, comunicación

(Esta es una de esas historias que gustará leer a todas esas malas personas que disfrutan imaginando al autor hacer el ridículo, incluso cuando lo hace con fines pedagógicos: explicar de forma amena elementos de la comunicación y el marketing que puedan resultar confusos o abstractos). 

Allí andábamos mi hermano y yo, leyendo especificaciones técnicas de tablets en el centro comercial: memoria, RAM, núcleos, pulgadas, megapixels de la cámara… En el proceso consultamos con diferentes expertos de la tienda para priorizar los aspectos clave en la compra. Bueno, en realidad no era nuestra compra, era un encargo de mi madre que buscaba el regalo ideal para mi padre, recién jubilado.

Detengámonos un momento aquí porque como en toda historia es importante presentar a los personajes: mi padre era un exprofesor, leído y lector que vivía en un mundo analógico en el que había dejado entrar el mando de la TV por casualidad. Podemos decir que no es un early adopter. Y en esas, mi madre, que tampoco es que fuera programadora informática pero que a su lado parecía Zuckerberg, nos encargó buscar una tablet con la que él pudiera digitalizar sus hábitos de lectura.

La tablet perfectaReputación, comunicación

Y así aparecemos mi hermano y yo en aquella tienda repleta de tecnología en la que nos dejó mi madre con un objetivo claro: encontrar la mejor tablet del mundo para que mi padre leyera el periódico.

Nos repartimos los estantes y las marcas y empezamos a comparar modelos: resolución, velocidad, peso, capacidad de almacenamiento, precio, memoria…

Fue una tarea titánica pero después de cerca de dos horas encontramos la tablet perfecta. Todo encajaba, la habían diseñado para mi padre: una buena cámara, una pantalla grande, dos núcleos, RAM suficiente para todos los usos previstos e imprevistos y suficiente memoria para guardar todo lo leído en su vida. En fin, una tablet 10 a un precio excelente.

Con la satisfacción del trabajo bien hecho y la seguridad de quien se sabe ganador, llamamos a mi madre para que viniera a dar su bendición. Le enseñamos el hallazgo orgullosos y sonrientes esperando su felicitación por el trabajo de I+D pero lo que encontramos nos dejó helados: levantó la vista de la tableta y nos dijo “sí, es bonita pero yo creo que a vuestro padre le va a gustar más la de la manzanita”.

5 años de carrera y un Master de comunicación y no vi venir aquello Seguir leyendo “Comunicación punk: ¡Es la reputación, stupid!”