Comunicación punk: ¡Es la reputación, stupid!

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Reputación, comunicación

(Esta es una de esas historias que gustará leer a todas esas malas personas que disfrutan imaginando al autor hacer el ridículo, incluso cuando lo hace con fines pedagógicos: explicar de forma amena elementos de la comunicación y el marketing que puedan resultar confusos o abstractos). 

Allí andábamos mi hermano y yo, leyendo especificaciones técnicas de tablets en el centro comercial: memoria, RAM, núcleos, pulgadas, megapixels de la cámara… En el proceso consultamos con diferentes expertos de la tienda para priorizar los aspectos clave en la compra. Bueno, en realidad no era nuestra compra, era un encargo de mi madre que buscaba el regalo ideal para mi padre, recién jubilado.

Detengámonos un momento aquí porque como en toda historia es importante presentar a los personajes: mi padre era un exprofesor, leído y lector que vivía en un mundo analógico en el que había dejado entrar el mando de la TV por casualidad. Podemos decir que no es un early adopter. Y en esas, mi madre, que tampoco es que fuera programadora informática pero que a su lado parecía Zuckerberg, nos encargó buscar una tablet con la que él pudiera digitalizar sus hábitos de lectura.

La tablet perfectaReputación, comunicación

Y así aparecemos mi hermano y yo en aquella tienda repleta de tecnología en la que nos dejó mi madre con un objetivo claro: encontrar la mejor tablet del mundo para que mi padre leyera el periódico.

Nos repartimos los estantes y las marcas y empezamos a comparar modelos: resolución, velocidad, peso, capacidad de almacenamiento, precio, memoria…

Fue una tarea titánica pero después de cerca de dos horas encontramos la tablet perfecta. Todo encajaba, la habían diseñado para mi padre: una buena cámara, una pantalla grande, dos núcleos, RAM suficiente para todos los usos previstos e imprevistos y suficiente memoria para guardar todo lo leído en su vida. En fin, una tablet 10 a un precio excelente.

Con la satisfacción del trabajo bien hecho y la seguridad de quien se sabe ganador, llamamos a mi madre para que viniera a dar su bendición. Le enseñamos el hallazgo orgullosos y sonrientes esperando su felicitación por el trabajo de I+D pero lo que encontramos nos dejó helados: levantó la vista de la tableta y nos dijo “sí, es bonita pero yo creo que a vuestro padre le va a gustar más la de la manzanita”.

5 años de carrera y un Master de comunicación y no vi venir aquello: la manzanita era algo aspiracional gracias al valor de marca de Apple… ¡era la reputación, estúpido!

Reputación, intangible, comunicación¿Intangible? WTF

Los que nos dedicamos a la comunicación o el marketing nadamos entre teorías sobre ‘la marca’ e idolatramos a autores con aureola científica que pontifican acerca de su valor. Tratamos de crear planes robustos aplicando sentido estratégico y respondiendo a los objetivos de negocio.

Concebimos acciones de ensueño cargadas de indicadores y usamos en nuestras presentaciones y vídeos toda la jerga (inglesa) empresarial que nos es posible: slides, KPIs, budget, insight, scroll, ROI, SWOT o branding son solo una pequeña muestra de los términos con los que deleitamos a nuestros colegas de otros departamentos.

¿Y sabéis por qué lo hacemos? Lo hacemos porque queremos ser uno más. Aspiramos a integrarnos como si fuéramos normales, de esos que presentan resultados, que producen cosas, que venden, que hacen que otros cobren incentivos.

Lo hacemos sobre todo para enmascarar nuestro miedo: sí, miedo. Miedo a esa terrible frase que a todos nos acecha en la oficina: “sí, muy bien pero ¿y eso cómo lo medimos? ¡Es intangible!”

Así que, comunicadores y marketeros del mundo, relajaos. Ya no debemos tener miedo porque a la próxima persona que os hable del “intangible” de vuestra marca podéis enviarla… a mi madre: ella le explicará con mucho gusto los más de 600 tangibles euros gastados en la manzanita.

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Disclaimer de responsabilidad:

Comunicación punk es una iniciativa nacida con el objetivo de explicar a través de historias cotidianas y de forma sencilla algunos de los elementos de la comunicación y el marketing que puedan resultar confusos o abstractos. Es un proyecto nacido para preservar la vida social de los comunicadores evitando que familiares y amigos les vuelvan a espetar “¿de qué dios hablas?”. 

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