Capítulo 5 (final): Qualsevol nit pot sortir el sol

Mediterráneo
En el capítulo anterior: Barcelona tiene poder

Escribo hoy desde un lugar privilegiado de la Tierra y de la historia. No soy indiferente a la desgracia de quienes nacieron por azar en otros lares menos agradables y precisamente por eso me siento en la obligación de valorar lo que tengo. Hoy, aquí, a orillas del Mediterráneo, valorarlo significa defenderlo de la única forma que conozco: entrenando mi mirada con los elementos de precisión que por fortuna tengo a mi alcance: cultura, educación y el espíritu crítico que nos separa de la barbarie que llevamos dentro.

Aunque la corriente nos empuja hacia un sumidero de inmediatez maniquea, no me puedo permitir el autoengaño. He tenido buenos maestros, he estudiado a autores que me han obligado a cuestionarme infinidad de cosas y he tenido la suerte de ganarme la vida trabajando en comunicación a uno y otro lado de la barra. Por eso sé que la realidad no es fácil de explicar: que hacerlo de forma honesta requiere criterio y preparación y que es necesario contexto, tiempo y datos.

Sé que en la mayoría de ocasiones esa realidad es imposible de interpretar en 280 caracteres y que no siempre es nítida ni bonita. Sé también que siempre existirán interesados en mutilar nuestra ecuanimidad para hacernos más maleables.

Sucede hoy también. Con nuestros sentimientos como estribos, nos conducen entre vítores a acantilados en los que nuestro vecino pasa a ser ‘el-otro’, un ser infecto, inferior y amenazante. Por desgracia, no debemos retroceder demasiado en nuestros libros de historia para saber cómo se saldaron en el pasado la exaltación patriotera y el sembrado masivo de inquina. Por fortuna, el contexto es hoy bien diferente a la miseria de antaño y algunos diques de contención resisten todavía los envites de unos y otros.

Soberana de ti misma

He querido resguardar del paso del tiempo algunas vivencias como mensaje para aquellos que están llamados a mejorarnos. Aquellos que seguramente deberán volver a pelear por defender libertades y derechos que nosotros hemos banalizado sin reparar en la sangre y el fuego que costaron. Envueltos en nuestra pueril hipocresía no estamos a la altura.

Por eso Gala te escribo antes de que nazcas para confiarte que lo más valioso de lo que dispones es tu buen juicio y tu capacidad de análisis. Y para aconsejarte que nunca entregues cheques en blanco a nadie, ni siquiera a tu padre.

Eres soberana de ti misma: defiende esa soberanía agarrándote con todas tus fuerzas a la razón, a la ciencia, a la filosofía, al arte, a los libros, al cine, a la música… Expresa tu soberanía creando, preguntando, rebatiendo y sobre todo, no dejándote conquistar nunca por quienes solo pretendan de ti una fe inquebrantable.

Vivir contracorriente te supondrá algunos sinsabores y desengaños pero merecerá la pena. Tendrás que aprender a resistir en minoría y entrenar tu instinto para detectar el humo antes de que aparezcan los mercaderes pero no dejes que eso te impida celebrar cada pequeña alegría. Porque eso es lo único que importa: haz del camino tu meta y lucha por disfrutarlo a tu manera.

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