“Me gusta el Espanyol… y tengo bastante con eso”

Lo dijo Casilla en el Calderón tras ser preguntado por su posible destino atlético a final de temporada. Nos sorprendió (para bien) su respuesta porque nos hemos acostumbrado a que nuestros jugadores (sólo) entiendan el Espanyol como una escala en su camino y hemos aceptado como algo normal que los canteranos sueñen más allá de Cornellà desde Sant Adrià.

Los aficionados hacemos conjeturas con el beneficio que obtendrá el club de la venta de jugadores que aún no han debutado. La información blanquiazul pivota sobre eternos procesos de renovación que nunca cuajan y sobre el interés de otros clubes en nuestros mejores jugadores; jugadores que especulan públicamente con las necesidades económicas del Espanyol para dejar su puerta de salida entreabierta.

Tal vez siempre fue así, pero sin darnos cuenta hemos interiorizado que somos poca cosa para cualquier jugador que destaque dos domingos seguidos. No entendemos qué podrían ver en nosotros para querer seguir aquí. Hemos ido perdiendo autoestima hasta aceptar como algo inevitable que Getafe o Swansea fichen canteranos blanquiazules imberbes (convertir en principal la puerta de atrás del Espanyol tampoco ha ayudado a que chavales, y no tan chavales, quieran echar raíces).

Nos hemos descuidado y hemos dejado de mirarnos en el espejo asumiendo que nunca podremos ser ese club con el que soñamos. En 113 años no hemos sido capaces de forjar una identidad sólida y reconocible a la que agarrarnos para hacernos fuertes más allá de nuestro momento o del contexto. No hemos sabido establecer un relato con el que recordar/explicar nuestro porqué a quienes nos miran desde la duda o el prejuicio. Todavía no, pero podríamos hacerlo, depende exclusivamente de nosotros.

Podríamos mirar más allá de jugadores, canteranos, empleados o aficionados y empezar a ver personas. Personas que encajen en el Espanyol por su espíritu, por su autenticidad, por su cercanía… personas de 7, 25, 45 ó 65 años que se identifiquen con una forma de hacer única y que vean en el Espanyol una escuela de vida de la que aprender y participar. Personas que ayuden a seguir dando forma a un club que realmente nade contracorriente, más ahora que el fútbol está dominado por faraónicas fachadas de cartón piedra que no esconden más que grandes mercados en los que todo tiene un precio, incluidos los sentimientos.

Forjar esa identidad requiere de un plan de futuro, es el camino largo, pero supone al mismo tiempo la ruta más corta hacia la eternidad. Es nuestra (posiblemente única) oportunidad de crecer en un nicho, el de las personas y la autenticidad, olvidado en los modernos despachos de los mastodontes del fútbol.

Nadie se fijará en nosotros por nuestro dinero ni por nuestro apellido. Podemos seguir jugando a copiar lo peor de grandes y pequeños o ingeniárnoslas para ejercer de una vez el papel de James Dean que nos ha reservado el destino: somos el chico malo de la película y dependemos de nuestra capacidad de seducción. Seamos rebeldes con causa, reconstruyamos un Espanyol que haga feliz a los nuestros, que guste, que cautive. Hagamos del Espanyol un club capaz de enamorar por su personalidad.

También puedes leer esta entrada en Pericos Online: http://pericosonline.com/opinions/detall/6008/-me-gusta-el-espanyol-y-tengo-bastante-con-eso-

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