Cuando las mentiras dejan de ser noticia en política

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Cuando las mentiras dejan de ser noticiaDecía Jaume Matas en el programa Salvados del domingo 12 de febrero que “no todos somos iguales”. Es una verdad incuestionable, somos diferentes: altos, bajos, morenos, rubios, honrados, corruptos, egoístas, solidarios, ricos, pobres, imbéciles, inteligentes… pero no, el ex presidente de Baleares se refería a que ante los ojos de la administración y de los organismos del estado no todos somos iguales, o que, como decía mi abuelo, hay unos más iguales que otros. Es la constatación de algo fácilmente deducible a partir de los hechos pero que rara vez oímos con tanta nitidez de un político (o mejor dicho, de un ex político en problemas).

A mi modo de ver esto ataca frontalmente uno de los dos pilares que sostienen el orden social en occidente: la creencia de que todos vamos a ser tratados con justicia y ecuanimidad por las administraciones a las cuales elegimos y alimentamos y una confianza implícita en que el ascensor social funciona, que existen mecanismos que garantizan la existencia de oportunidades de progreso para todos. A partir de las medidas adoptadas en los últimos años, este segundo punto también se está viendo seriamente cuestionado, aunque desde los atriles se afirme lo contrario.

Los mensajes políticos son más vacíos e inconsistentes que nunca y parecen escritos al dictado de las mismas plumas. En la comunicación política de nuestros días, las mentiras e incumplimientos de los cargos públicos han dejado de ser noticia por la sencilla razón de que cada vez menos gente cree en los políticos. Cada vez importa menos lo que dicen porque su credibilidad se evapora entre lugares comunes y superficialidad.

En la carrera hacia el descrédito y la desconexión con los ciudadanos que han emprendido los políticos de uno y otro signo, la falacia se ha impuesto como el vehículo más empleado para comunicar medidas impopulares. Así, es habitual leer declaraciones como: “la reducción del déficit nos conducirá al crecimiento”, o “estas medidas –subida de impuestos, recorte cuantitativo y cualitativo de servicios públicos, congelación de salarios…- ayudarán a aumentar el consumo”, o “mayores exigencias de cobertura de los activos y depósitos bancarios, activarán el crédito”. Ninguna de estas afirmaciones se sostiene desde un punto de vista lógico pero hace tiempo que la lógica fue expulsada de nuestro país a ladrillazos.

La recuperación de la credibilidad perdida debería ser una prioridad absoluta para la clase política de nuestro país. Sin esa credibilidad su legitimidad queda en entredicho y con ella su posición ante los diferentes grupos de interés con los que deberán lidiar entre brasas (aunque los que ardamos seamos los ciudadanos). Revertir esta situación implica necesariamente volver a la lógica, la escucha activa, la empatía y la emoción como motores de una nueva comunicación política en la que el sofismo es estéril.

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5 comentarios en “Cuando las mentiras dejan de ser noticia en política

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