Música de plástico para corazones metálicos

Escuché el pasado sábado a un cantautor –de esos que van de vuelta- referirse a la música entre directos como “música de plástico”. El plástico evoca en mí algo frío y artificial, contrario musicalmente hablando a lo que me hace sentir un buen directo. Escuchar a un viejo soñador recitar letras de Serrat me hizo evadirme, algo a lo que también contribuyeron los matices (de humanidad): el olor del local, los murmullos del gentío emocionado, el tacto de una vieja mesa de madera o la mirada cómplice de un desconocido ante una canción compartida.

Esa humanidad quedó en nada cuando al cruzar el umbral del metro, de vuelta a casa, presencié como unos adolescentes interrumpían impiadosamente el sueño de varios vagabundos con unas risas dedicadas a Baco. Lo mas descorazonador fue que lo hicieron sin tan siquiera caer en la cuenta de que aquellos desgraciados estaban allí. ¿Es posible blindar los sentidos ante la desgracia ajena?

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