Capítulo 2: Nacido en el Mediterráneo

Mediterráneo, Cataluña España

Capítulo anterior: soy un charnego de manual

Nací en el Mediterráneo, en Orihuela (Alicante) [los de provincia solemos apuntalar nuestro origen igual que si se tratara de la dirección postal] y pasé la infancia escuchando a Serrat y sufriendo a Perales los domingos en el coche camino del pueblo de mis abuelos, Molins. El valenciano (un secreto: el valenciano es catalán) era tan infrecuente en la zona que en 6º de EGB, la profesora de la asignatura optativa nos prometió una excursión a un colegio del norte ¡para conocer a niños que lo hablaban! Nunca llegamos a visitar a aquellos marcianos y no entablé relación con ningún catalanoparlante hasta los 18 años, pero lo paradójico del asunto es que quedándome aparentemente tan lejos, crecí viendo A la Babalà en Canal 9 (barretcopter > casquet volador) y siempre me resultó extraño ver dibujos animados en castellano. Casi nada es tan simple como parece.

Crecí en una tierra a caballo entre el Panocho y el Postiguet, identitariamente forjada en la pertenencia al pueblo y a España, sin parada intermedia. Nunca fui un gran amante de sus tradiciones e idiosincrasia conservadora pero curiosamente aprendí a respetarla y a quererla en la distancia.

Un concepto diferente de ‘nosotros’

Desde pequeño noté que ‘los catalanes’ protagonizaban polémicas y conversaciones por encima de la media y me pareció que despertaban sentimientos encontrados Seguir leyendo “Capítulo 2: Nacido en el Mediterráneo”

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Un charnego de manual entre dos Españas

Cataluña Catalunya, un charnego de manual

Un par de días después del atentado de Barcelona pensé escribir sobre cómo la excelente gestión de la comunicación que realizaron los Mossos de Esquadra ha servido para mejorar la reputación de uno de los Cuerpos de Seguridad más cuestionados. También tenía en mente una reflexión sobre la dicotomía que me produce la envalentonada actitud de gritar no tinc por tras el horror y lo humano de tenerlo (el miedo nos mantiene alerta), pero aquí nunca dejamos que la realidad nos distraiga de nuestra función.

Todo ha quedado en segundo plano, sepultado bajo banderas, editoriales y juicios sumarísimos de 140 caracteres en los que no hay espacio para la traición equidistante. En este mar de buenos muy buenos y malos muy malos reinan las certezas incuestionables fáciles de digerir. Y eso es precisamente lo que me lleva a desconfiar. Por eso, coincidiendo con estas 34 primaveras que inauguro, he decidido explicar mi visión del momento a través de mi única verdad: mi historia no equidistante entre dos Españas bañadas por el Mediterráneo.

Capítulo 1: soy un charnego* de manual

13 años en Barcelona me han llevado a sentir la ciudad como propia, a comprender y apoyar algunas reivindicaciones de una parte significativa de los catalanes, así como a apreciar y abrazar rasgos de su identidad hasta hacerlos míos. Nunca, ni en el ámbito académico, ni en el profesional o el personal he tenido problema alguno por cuestiones idiomáticas o identitarias. Todos mis días empiezan desde hace años con ‘bon día’ y acaban en ‘bona nit’ y he adoptado frases supremas como ‘s’ha acabat el broquil’ o ‘la gallineta ha dit prou’. Suelo enfadar (aún más) a mi mujer diciéndole que ‘té la cua de palla’ cuando se enfada con razón; y lo más importante, siento que ya estoy en casa cuando me acerco al Prat o a Sants.

Por otra parte, soy un charnego de manual

A pesar de llevar 13 años Seguir leyendo “Un charnego de manual entre dos Españas”

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Vivan las cadenas

Vivan las cadenas
http://cosmem.blogspot.com.es/2012/03/del-viva-la-pepa-al-vivan-las-cadenas.html

Hoy 11 de septiembre, miles de almas bienintencionadas, muchas todavía con acento andaluz y extremeño, se unirán a la Vía catalana, una cadena humana que reivindica el derecho a decidir, o la independencia, o la libertad, o el hartazgo por el robo de Madrid, o todo a la vez. Será una cruzada por la recuperación de la prosperidad arrebatada hace… 300 años. El último gran momento de las cadenas lo vivimos en 1814, cuando muchos bienintencionados ciudadanos madrileños recibieron a Fernando VII al grito de “¡vivan las caenas!”, soltaron los caballos y se pusieron a tirar ellos mismos del carro de su deseado monarca absolutista.

La historia de España está marcada por el fracaso, el desprecio a la razón, la perseverancia en el error y el empleo de nuestras escasas armas en batallas equivocadas contra enemigos no menos equivocados. Es una historia construida sobre uniones temporales de intereses contra algo o alguien, a menudo el vecino. El capítulo catalán forma parte nuclear de ese oscuro libro, que acabará como y cuando tenga que acabar, pero que ha sido escrito entre todos.

Sea cual sea el final, con unos u otros gestionando nuestra cartera, la mayoría seguirá encontrando su patria al cruzar la puerta de casa y la bandera más representativa continuará siendo a cuadros y servirá para cubrir la mesa del comedor. No creo que casi nadie esté hoy en condiciones de juzgar al prójimo por encadenarse o no para defender como mejor crea conveniente el plato de comida de los suyos, pero no nos hagamos más trampas al solitario. Esto no tiene que nada ver con dignidad, igualdad, libertad y fraternidad; esto va sobre todo de la ubicación de la caja registradora. Así que, dejemos el victimismo, porque ser victima de la estupidez histórica de nuestros dirigentes no es patrimonio ni mérito exclusivo de nadie. Seguir leyendo “Vivan las cadenas”

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1000 derrotas

1714 - 1000 derrotas Espanyol999 derrotas después, el balón sigue rodando entre Cornellà y El Prat. La próxima vez que el Espanyol sea superado por un rival se convertirá en el primer club de la Liga en alcanzar el millar de partidos perdidos (será el único durante mucho tiempo, ya que el siguiente en el ranking es el Athletic con 867). Y creo que el espanyolismo debería conmemorar ese momento. No, no hablo del snobismo de celebrar una ‘derrota útil’, sino de recordar (nos) que seguimos aquí y que todavía hay partido; a pesar de todo y de todos (especialmente, a pesar de muchos de los ‘nuestros’).

Si algo es el Espanyol, es sentimiento y actitud. Una actitud y un sentimiento de los aficionados pericos que, aunque pueda hacer chirriar la maquinaria historiográfica oficial, marca un claro paralelismo moral con esa Catalunya que cada 11 de septiembre conmemora una derrota. Derrota que hace sentir orgullo a muchos catalanes; no por masoquismo, sino por el comportamiento ejemplar de miles de barceloneses anónimos que en 1714 no se dejaron arrastrar por la incompetencia e indignidad de los felpudos rojos que les gobernaban (alguno de ellos, dicho sea de paso, elevado a la categoría de icono tras aplicarle una capa de barniz mitológico).

El legado es un relato y el relato una oportunidad; en el caso del Espanyol, la oportunidad de dar un golpe de timón histórico en la entidad que devuelva a los aficionados el papel protagonista que nunca debieron perder. Una oportunidad de transformar en orgullo y sonrisas lo que hoy es vergüenza y desafección. La oportunidad de que la conmemoración de las siguientes 1000 derrotas se produzca un tiempo después de las primeras 2000 victorias.

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(Mal) educados en nosotros, ellos y la irresponsabilidad individual

Amplitud de miras
Fuente: http://galeria.vulka.es/foto/amplitud-de-miras_202513.html

Políticos nocivos, sindicatos indignos, empresarios sin escrúpulos, banqueros sinvergüenzas, medios de comunicación decadentes, universidades mediocres… todo eso y mucho más es la grotesca España 2012. En realidad y con honrosas excepciones (las que ofrecen esperanza), es la España de siempre, la España de los libros de historia, el nido de cainismo, injusticia e indecencia que nunca dejamos de ser, aunque durante 30 años la forráramos con billetes prestados de 500€.

En estos años de vino y rosas, el nacionalismo central y los periféricos han generado un clima putrefacto y excluyente fundamentado en que el hecho accidental e involuntario de nacer en un determinado lugar y en un determinado momento lleva aparejado una serie de privilegios de carácter casi divino. Hemos aprendido a vivir contra los demás. Un agitar de banderas (algunas, literalmente inventadas para la ocasión) que ha distraído nuestra atención mientras los partidos políticos fagocitaban todos los resortes del sistema y los ponían al servicio de redes clientelares que retroalimentaban su poder.

Hoy todo es polvo ya: no hay privilegios, recursos, ni poder que repartir y ese sistema atrofiado y en descomposición se ha convertido en presa fácil para los franquiciadores internacionales de voluntades que eso sí, nos han permitido conservar intacto nuestro deporte nacional; la irresponsabilidad, y sus 3 reglas: la culpa siempre es de otros, ellos son los malos, nosotros somos los buenos. En el fondo de este perverso juego subyace el verdadero drama: el gozo de este pueblo de pueblos reside más en la desgracia ajena que en el éxito propio. Seguir leyendo “(Mal) educados en nosotros, ellos y la irresponsabilidad individual”

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