Capítulo 5 (final): Qualsevol nit pot sortir el sol

Mediterráneo
En el capítulo anterior: Barcelona tiene poder

Escribo hoy desde un lugar privilegiado de la Tierra y de la historia. No soy indiferente a la desgracia de quienes nacieron por azar en otros lares menos agradables y precisamente por eso me siento en la obligación de valorar lo que tengo. Hoy, aquí, a orillas del Mediterráneo, valorarlo significa defenderlo de la única forma que conozco: entrenando mi mirada con los elementos de precisión que por fortuna tengo a mi alcance: cultura, educación y el espíritu crítico que nos separa de la barbarie que llevamos dentro.

Aunque la corriente nos empuja hacia un sumidero de inmediatez maniquea, no me puedo permitir el autoengaño. He tenido buenos maestros, he estudiado a autores que me han obligado a cuestionarme infinidad de cosas y he tenido la suerte de ganarme la vida trabajando en comunicación a uno y otro lado de la barra. Por eso sé que la realidad no es fácil de explicar: que hacerlo de forma honesta requiere criterio y preparación y que es necesario contexto, tiempo y datos.

Sé que en la mayoría de ocasiones esa realidad es imposible de interpretar en 280 caracteres y que no siempre es nítida ni bonita. Sé también que siempre existirán interesados en mutilar nuestra ecuanimidad para hacernos más maleables.

Sucede hoy también. Seguir leyendo “Capítulo 5 (final): Qualsevol nit pot sortir el sol”

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Capítulo 4: Barcelona tiene poder

Barcelona, capítulo 4

En el capítulo anteior: aquellos marcianos que hablaban valenciano

Desde que recuerdo, siempre quise estar en Barcelona.

La Facultad de Ciències de la Comunicació de la UAB me dio la bienvenida con un ‘Catalonia is not Spain’ en la entrada y un menú que aquel primer día puso a prueba mis horas de Musculman y Bola de Drac: amanida, truita y mandonguilles. Aquello me sirvió de preparación porque con 21 años asistí a mi primera clase en catalán y… no pasó nada, de nada. Todo fue tal y cómo podía esperarse de una clase de Teorías de la comunicación: aburrido. El idioma no disipa el sopor.

Francisco Marhuenda era en 2004 un señor risueño que nos instruía en el Derecho de la información de forma distendida, compartiendo anécdotas de su vida parlamentaria y dejando escapar perlas como su admiración por María Teresa Fernández de la Vega. Ya digo que no siempre todo es tan simple como parece.

Ya por aquel entonces me aplicaba como máxima idiomática que, manejándome con unos mínimos, jamás le pediría a nadie, en ningún lugar, que cambiara su idioma de preferencia*. Hoy considero al catalán mi segundo idioma y disfruto en las conversaciones en las que se intercalan frases en diferentes lenguas.

Magnetismo

Caminar sobre el panot de flor que cubre el Eixample, adentrarme en los recovecos del Raval hasta dar con el Marsella, descubrir la Gràcia gitana que rememora a El Pescailla o cruzar la Diagonal para compartir unas bravas con la burguesía urbana se convirtió en algo cotidiano, mío. Barcelona, aún entre turistas y decorados fabricados para la ocasión, suposo mi oportunidad de adentrarme en las páginas de una ficción y una Historia que a duras penas se diferencian.  Seguir leyendo “Capítulo 4: Barcelona tiene poder”

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Capítulo 2: Nacido en el Mediterráneo

Mediterráneo, Cataluña España

Capítulo anterior: soy un charnego de manual

Nací en el Mediterráneo, en Orihuela (Alicante) [los de provincia solemos apuntalar nuestro origen igual que si se tratara de la dirección postal] y pasé la infancia escuchando a Serrat y sufriendo a Perales los domingos en el coche camino del pueblo de mis abuelos, Molins. El valenciano (un secreto: el valenciano es catalán) era tan infrecuente en la zona que en 6º de EGB, la profesora de la asignatura optativa nos prometió una excursión a un colegio del norte ¡para conocer a niños que lo hablaban! Nunca llegamos a visitar a aquellos marcianos y no entablé relación con ningún catalanoparlante hasta los 18 años, pero lo paradójico del asunto es que quedándome aparentemente tan lejos, crecí viendo A la Babalà en Canal 9 (barretcopter > casquet volador) y siempre me resultó extraño ver dibujos animados en castellano. Casi nada es tan simple como parece.

Crecí en una tierra a caballo entre el Panocho y el Postiguet, identitariamente forjada en la pertenencia al pueblo y a España, sin parada intermedia. Nunca fui un gran amante de sus tradiciones e idiosincrasia conservadora pero curiosamente aprendí a respetarla y a quererla en la distancia.

Un concepto diferente de ‘nosotros’

Desde pequeño noté que ‘los catalanes’ protagonizaban polémicas y conversaciones por encima de la media y me pareció que despertaban sentimientos encontrados Seguir leyendo “Capítulo 2: Nacido en el Mediterráneo”

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Un charnego de manual entre dos Españas

Cataluña Catalunya, un charnego de manual

Un par de días después del atentado de Barcelona pensé escribir sobre cómo la excelente gestión de la comunicación que realizaron los Mossos de Esquadra ha servido para mejorar la reputación de uno de los Cuerpos de Seguridad más cuestionados. También tenía en mente una reflexión sobre la dicotomía que me produce la envalentonada actitud de gritar no tinc por tras el horror y lo humano de tenerlo (el miedo nos mantiene alerta), pero aquí nunca dejamos que la realidad nos distraiga de nuestra función.

Todo ha quedado en segundo plano, sepultado bajo banderas, editoriales y juicios sumarísimos de 140 caracteres en los que no hay espacio para la traición equidistante. En este mar de buenos muy buenos y malos muy malos reinan las certezas incuestionables fáciles de digerir. Y eso es precisamente lo que me lleva a desconfiar. Por eso, coincidiendo con estas 34 primaveras que inauguro, he decidido explicar mi visión del momento a través de mi única verdad: mi historia no equidistante entre dos Españas bañadas por el Mediterráneo.

Capítulo 1: soy un charnego* de manual

13 años en Barcelona me han llevado a sentir la ciudad como propia, a comprender y apoyar algunas reivindicaciones de una parte significativa de los catalanes, así como a apreciar y abrazar rasgos de su identidad hasta hacerlos míos. Nunca, ni en el ámbito académico, ni en el profesional o el personal he tenido problema alguno por cuestiones idiomáticas o identitarias. Todos mis días empiezan desde hace años con ‘bon día’ y acaban en ‘bona nit’ y he adoptado frases supremas como ‘s’ha acabat el broquil’ o ‘la gallineta ha dit prou’. Suelo enfadar (aún más) a mi mujer diciéndole que ‘té la cua de palla’ cuando se enfada con razón; y lo más importante, siento que ya estoy en casa cuando me acerco al Prat o a Sants.

Por otra parte, soy un charnego de manual

A pesar de llevar 13 años Seguir leyendo “Un charnego de manual entre dos Españas”

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Vivan las cadenas

Vivan las cadenas
http://cosmem.blogspot.com.es/2012/03/del-viva-la-pepa-al-vivan-las-cadenas.html

Hoy 11 de septiembre, miles de almas bienintencionadas, muchas todavía con acento andaluz y extremeño, se unirán a la Vía catalana, una cadena humana que reivindica el derecho a decidir, o la independencia, o la libertad, o el hartazgo por el robo de Madrid, o todo a la vez. Será una cruzada por la recuperación de la prosperidad arrebatada hace… 300 años. El último gran momento de las cadenas lo vivimos en 1814, cuando muchos bienintencionados ciudadanos madrileños recibieron a Fernando VII al grito de “¡vivan las caenas!”, soltaron los caballos y se pusieron a tirar ellos mismos del carro de su deseado monarca absolutista.

La historia de España está marcada por el fracaso, el desprecio a la razón, la perseverancia en el error y el empleo de nuestras escasas armas en batallas equivocadas contra enemigos no menos equivocados. Es una historia construida sobre uniones temporales de intereses contra algo o alguien, a menudo el vecino. El capítulo catalán forma parte nuclear de ese oscuro libro, que acabará como y cuando tenga que acabar, pero que ha sido escrito entre todos.

Sea cual sea el final, con unos u otros gestionando nuestra cartera, la mayoría seguirá encontrando su patria al cruzar la puerta de casa y la bandera más representativa continuará siendo a cuadros y servirá para cubrir la mesa del comedor. No creo que casi nadie esté hoy en condiciones de juzgar al prójimo por encadenarse o no para defender como mejor crea conveniente el plato de comida de los suyos, pero no nos hagamos más trampas al solitario. Esto no tiene que nada ver con dignidad, igualdad, libertad y fraternidad; esto va sobre todo de la ubicación de la caja registradora. Así que, dejemos el victimismo, porque ser victima de la estupidez histórica de nuestros dirigentes no es patrimonio ni mérito exclusivo de nadie. Seguir leyendo “Vivan las cadenas”

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