5 discursos de película

Al Pacino en Un domingo cualquiera
Al cine debemos exigirle que nos haga sentir, aunque sea mal. Cualquier cosa menos indiferencia. De una buena película podemos esperar además que  nos lleve a descubrir emociones y lugares de nosotros mismos que desconocemos o creíamos desaparecidos. En definitiva y parafraseando al gran Robe de Extremoduro, lo deseable es que la ola que surge del último suspiro de un fotograma nos transporte mecidos hasta el siguiente.

Algunos discursos/diálogos de película han logrado levantarme del asiento, me han revuelto el estómago y me han llevado durante una fracción de segundo a querer iniciar una revolución. Son esas escenas que pagan una película entera, incluso toda la carrera de un director porque te cambian, aunque sea como digo por un segundo. Momentos que te hacen replantearte lo que sabes o crees saber.

No pretendo recopilar los mejores discursos de la historia del cine (eso lo dejo para expertos en la materia como Carlos Marañón y su Cinemanía), sencillamente comparto los 5 discursos/diálogos de película a los que más he recurrido para afrontar mis pequeños grandes momentos con el “tono” adecuado:

5) 300 (2006) – Zack Snyder

‘De griego libre a griego libre’

El poder de la comunicación y la importancia del relato como elemento movilizador.

4) Gattaca (1997) – Andrew Niccol

‘Nunca me reservé nada para la vuelta’

La actitud como elemento determinante por encima de cualquier lógica o aptitud.


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Un momento de cine

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La luz intermitente del cartel de salida del cine nos permitió disfrutar de una escena final digna de la película que acabábamos de ver. Aquella longeva pareja bailaba absorta en esa sobria felicidad que solo los años permiten disfrutar. Como si de un zoótropo se tratara, giraban sobre sí mismos intentando viajar al inicio de su propia historia.

Y allí, subidos a la ola de sus primeras emociones bailaron y bailaron hasta convertirnos en figurantes de aquella escena que todos aspiramos a protagonizar.

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Rebajas en educación

Rebajas en educaciónCon solo unos días de diferencia y en ciudades diferentes, dos personas que me atendían en sendos establecimientos se han mostrado sorprendidas por mi “buena educación”. No, esta no es mi candidatura a yerno del año, sino una muestra de sorpresa/alarma al comprobar que algo tan básico como “buenos días”, “por favor”, “gracias” y “hasta luego” constituye una anormalidad en las interacciones de personas que trabajan de cara al público.

No es una muestra representativa de nada más que mi experiencia pero percibo una creciente tendencia del egocentrismo, la superficialidad (digital y personal) y la banalización de las formas. Llevamos tanto tiempo de rebajas en educación que se han agotado los saludos, las sonrisas, los agradecimientos, la prudencia o la empatía; por no quedar, no parecen quedarnos ganas ni de hablar con “nuevas” personas en persona (lo que me recuerda peligrosamente a algún capítulo de Black Mirror). Seguir leyendo “Rebajas en educación”

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