Unicornios, Todólogos y Fanboys: tratado sobre los españoles

Cabra Montés, presente en ciertos puntos montañosos españoles y portugueses

Hace ya más de 2500 años que Sun Tzu, en El arte de la guerra decía “conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo y ganarás mil batallas”. Aunque lo que más nos pone es hablar de los demás, hoy comenzaremos por el punto segundo del manual: reconocernos a nosotros mismos.

Uno de los denominadores comunes de los españoles, tanto los que quieren seguir siéndolo como los que no, es que somos poco amigos de escuchar otros puntos de vista (digo escuchar, no oír mientras preparamos el listado de etiquetas y descalificaciones personales). Padecemos alergia a los argumentos de ‘los-otros’ (dícese de cualquiera que no nos reafirme en nuestras creencias) y consideramos herejía modificar total o parcialmente nuestro punto de vista, el único válido junto con el de ForoCoches y los cuñados.

Unicornios y Todólogos

Hay muchas más categorías de españoles, como aquellos a los que yo denomino ‘Unicornios’, de cuya existencia no he encontrado pruebas fehacientes pero que se caracterizarían por mostrarse abiertos a declarar públicamente que no tienen suficiente información o conocimientos para emitir una opinión o valorar un hecho. Se encontrarían en el extremo opuesto a los ‘Todólogos’, seguidores del tertulianismo ilustrado de mañana, tarde y noche.

Pertenezcamos a la categoría que pertenezcamos, tanto los españoles que se precian de serlo como los que no, compartimos búsqueda de un Santo Grial común: un tercero al que poder culpar de todos nuestros males. Necesitamos chivos expiatorios, intermediarios a los que poder acusar de actuar a imagen y semejanza de nosotros mismos, dándonos el gustazo de poder destrozarlos después por hacer lo que sabíamos que harían.


Gasto aquí mi comodín del tópico para mencionar también los muchos, muchísimos ejemplos de personas, organizaciones y entidades que realmente merecen quedar excluidos de las abrasivas generalizaciones anteriores. Y para evitar que algún Todólogo lea de soslayo el texto y tenga la tentación de fustigarme por Twitter, mar y Facebook, tampoco quiero dejar de reconocer a esos millones de ciudadanos anónimos que, con su actitud, hacen de éste un país habitable, incluso digno de ser disfrutado, respetado y recomendado. Como cierre a esta pausa dedicada a la exaltación del tópico y la amistad, digamos, por qué no, que a este grupo pertenece la gran mayoría del país.


Maravillosa mayoría

Convendremos eso sí que esa ‘Maravillosa mayoría’ no ha tenido el reflejo deseado en las urnas y las instituciones. Y es que, aunque no tengan nombre, parece que durante décadas hubo personas que votaron, auparon, vitorearon y reeligieron a Barberá, Pujol o los amigos de los EREs (ya saben que no citar un ejemplo de cada partido conlleva etiqueta roja automática “es-de-los-míos” vs “es-de-los-otros”). Quizá era cierto lo de la mayoría silenciosa.

Somos herederos de un problema histórico de (in)comunicación (no es una autopromoción) entre ciudadanos, organismos o administraciones. Nos miramos de reojo, desconfiamos y disfrutamos incluso más con la desgracia ajena que con el éxito propio. No hay biólogo ni antropólogo que pueda explicar esta inquina histórica hacia “el vecino”. En otra época lo resolvimos con represión, plomo y cunetas; hoy afortunadamente hemos refinado el método y, aún con la misma carga de cainismo, contenemos los instintos gracias a un Estado de derecho, que si bien parece desmoronarse, todavía sirve de dique de contención a ciertos sinsentidos.

Monologuistas sordos

Como pueblo (pueblo de pueblos si lo prefieren, o confederación de pueblos de pueblos, o simplemente como aldea de Axtérix), seguimos adoleciendo de lo básico: espíritu crítico, (altos) estándares de moralidad y ejemplaridad, respeto por la cultura y consagración de la educación como pilar básico de la sociedad. Así somos. Y nos tienen bien calados. Como causa o consecuencia (a gusto del consumidor), estamos condenados a sufrir la gestión de (malos) ‘Monologuistas sordos’ que convierten lo simple en complejo y cada solución en un problema.

Dragones dorados

No es necesario que la Carrera de San Jerónimo de turno esté transitada a diario por Premios Nobel, nos bastaría con que discurra por allí gente que cumpla con su obligación: buscar soluciones a los problemas sin crear nuevos, gestionar de forma íntegra, ética y transparente y llegar a acuerdos anteponiendo el interés general al particular. Hablamos de mínimos tales como actuar con ejemplaridad, poseer un poco de cultura general, dominio de idioma/s (al menos uno en el que puedan expresarse con fluidez y riqueza de vocabulario) y capacidad para transmitir ideas y mensajes con claridad. Dejo para el apartado de ‘deseable’ que también aporten talento, generosidad y altura de miras. Aquellos servidores públicos que poseen tanto los mínimos como lo desable constituyen la categoría que denomino ‘Dragones dorados’.

Fanboys

Y no quiero cerrar este primer Tratado sobre los españoles sin hacer referencia a uno de mis grupos favoritos: los ‘Fanboys’. Ciudadanos (periodistas, taxistas, profesores, administrativos, estudiantes, etc.) siempre dispuestos a encontrar justificación a ‘los-suyos’ y a ver sombras en ‘los-otros’. Por sistema, sin excepciones, sin reservas, siempre: blanco o negro, conmigo o contra mí, Madrid o Barça, Oasis o Blur [que mayor estoy], @Rubiu5 o Pedro Simón… No importa lo que pase, siempre están dispuestos a cruzar la barrera del ridículo por defender a ‘los-suyos’ o atacar a ‘los- otros’ sin atender a razones. Como si ‘los-otros’ fueran habitantes de una dimensión paralela a destruir, obviando la dolorosa posibilidad de que alguno de ellos pueda ser también familiar, amigo o incluso pareja.

Y precisamente para Fanboys políticos he preparado un breve decálogo con el que os dejo (por el momento): https://storify.com/saguilarcom/guia-practica-para-fanboys 

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2 comentarios en “Unicornios, Todólogos y Fanboys: tratado sobre los españoles

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