Hi hagi Pau

Salida tunel de vestuarios del RCD EspanyolDecía Woody Allen en Misterioso asesinato en Manhattan: “cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia”. Los pericos sustituimos a Wagner por silbidos y las ansias de invasión por acaloradas discusiones postpartido que hoy complementamos con ráfagas de tuits sobre el Espanyol.

7 irregulares jornadas no parecen razón suficiente para que expertos funambulistas como nosotros seamos presa de los nervios y el pesimismo. Desde que lo recuerdo, el Espanyol ha sido un eterno volver a empezar, una concatenación de “proyectos” de una temporada. En una nueva vuelta de tuerca, este verano se han sustituido 5 titulares (4 internacionales) por jóvenes cedidos (más Ciani) y canteranos.

Se han cambiado realidades que garantizaban resultados por promesas pendientes de confirmar y conjuntar. Se ha vendido por más de 15 y se ha fichado por poco más de uno. De golpe y sin anestesia. Con este relato de los hechos parece poco entendible que con 9 puntos de 21 salten todas las alarmas. Quizá hay que buscar la explicación en las infundadas expectativas creadas a partir de un discurso oficial que, a pesar de un verano loco, prometía “mejorar la plantilla” y “superar lo conseguido en la 14/15”.

Superar lo logrado en la pasada temporada es posible pero poco probable y, desde luego, no debería constituir en ningún caso una exigencia. Sería positivo modular el discurso a la realidad de un Club atenazado por las urgencias que vive a la espera de la llegada de un salvador. Es necesario reconocer desde la humildad que en nuestra situación no podemos dejar escapar puntos como el del Sporting por vivir pensando que somos lo que aún no podemos ser. Esta temporada se construye punto a punto.

Las victimas de esa innecesaria ansiedad son jóvenes talentosos como Pau. Un portero llamado a ocupar la meta del Espanyol durante muchas temporadas que camina peligrosamente sobre los pasos de otros ilustres canteranos “quemados” por la situación como Jordi Amat. Jugadores con todo para triunfar dentro y fuera del campo, a los que se les exigió emerger y liderar mientras se derrumbaba todo a su alrededor.

La ambición no está reñida con la inteligencia de adecuar la velocidad a la máxima que permite que nadie se quede por el camino. Especialmente aquellos que acaban de llegar y en cuyas botas y guantes está la posibilidad de que alguna vez lleguemos más lejos.

Poco importa ya por qué nos vemos obligados a empezar de nuevo cada verano pero no nos hagamos trampas al solitario, adecuemos la exigencia y el discurso a esa ingrata realidad. Sólo desde la sinceridad se podrá lograr el clima de comprensión y confianza que este equipo necesita para aprovechar la calidad de jóvenes como Asensio, Duarte o el propio Pau.

Como decía Woody Allen, “arreglar los problemas económicos es fácil, lo único que se necesita es dinero”, para el resto, hi hagi Pau.

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