Corriendo huerto adentro

EspañaCorría huerto adentro cada vez que escuchaba el sonido de un avión sobrevolando el pueblo. El miedo a esa guerra eterna que es España se clavó en su alma y nunca le abandonó. Mi tata (mi tío bisabuelo en realidad) era un buen hombre o lo que es lo mismo, un pobre hombre a manos de este vil lugar. La guerra se cruzó en su camino y los fogones a los que algún general caritativo le destinó le libraron de una muerte segura. Cualquiera de los que lo conocimos sabemos que no hubiera sido capaz de empuñar más que la hoz y la azada con la que se ganó la vida.

Como si de capítulos concatenados se tratara, la muerte de Adolfo Suárez ha traído a mi memoria las historias de la guerra que solía contarme entre naranjos. Seguimos allí. La ignorancia, el cainismo y la hipocresía siguen siendo denominador común de este pueblo maldito poseído por una guerra civil permanente. No hemos aprendido nada, no queremos. Sólo ansiamos tener razón, sólo entendemos de nuestros y suyos.

Entre la arcada y la rabia he asistido este fin de semana a la colección de reacciones de nuestra miserable casta política multicolor. Ni un ápice de grandeza, ni un ápice de dignidad. Los que tenían que callar, escupen interesados halagos; quienes debían hablar, lo hicieron tarde y mal: la imagen de ese indigno espantapájaros que tenemos por Presidente leyendo una nota de prensa enlatada con referencias al BOE es la imagen de una España mediocre e incapaz.

No recuerdo a Suárez, llegué en el 83 con España saliendo de las catacumbas de la historia. Sólo he leído y escuchado hablar de él. Supongo que no era el hombre más preparado del momento, ni el que más aciertos acumuló en su vida política, pero sí estoy convencido de que fue un Presidente valiente. El más valiente que podíamos tener en el momento en el que más necesario era echarle pelotas al asunto. Y se las echó, hasta el final, sacrificando su carrera, su partido y quién sabe cuántas cosas más por intentarlo. Se jugó el todo por el todo para intentar un imposible: que le respondieran con la misma generosidad quienes sólo querían hablar de su libro.

Luego se marchitó y nos olvidó. Mejor así. El destino le tiró un capote y le evitó el amargo trago de comprobar que a pesar de su intento suicida, aquí seguimos siendo los mismos hijos de puta de siempre. Que lo nuestro es la carroña, despellejar al que lo intenta y subirnos a los púlpitos más altos para, desde la más atrevida ignorancia, juzgar la historia con los ojos de hoy.

Por encima de afinidades e ideologías, tomar conciencia de lo que arriesgó por intentarlo, en ese momento y en este lugar, me llena de un profundo respeto hacia su figura. Respeto aparejado con la desolación de comprobar lo que realmente somos y lo que que nunca podremos ser.

Hoy tata me acordé de ti y también quise correr huerto adentro.

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2 comentarios en “Corriendo huerto adentro

  1. HUERTO ADENTRO , bien pudiera ser el título de una película dirigida por el gran Berlanga y cuyo personaje principal, el Tata, es un hombre bueno, en el buen sentido de la palabra como apuntó Machado y al que arrancaron de su casa para luchar en una guerra que nunca llegó a comprender y, sobre todo, para la que estaba incapacitado dado que no era capaz de matar a una mosca. No tenía nada contra nadie y el tremendo sufrimiento que tuvo que soportar durante esos años, le dejó marcado de por vida.

    La guerra, enterró todas sus ilusiones, arrojando un río de lodo sobre su humilde y pacífica vida cuya mayor recompensa fue su familia y el poder descansar -un poco- para afrontar las catorce, quince o dieciséis horas diarias de duro trabajo bajo el implacable y ardiente sol de levante.

    Para los que le conocimos y quisimos, acabas de tocarnos el corazón, Sergio, con un extraordinario artículo en donde nada sobra. Excelente.

    Un fuerte abrazo desde Orihuela, tu pueblo y el mío

    Antonio.

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