‘La chica’

Estació de Sarrià
Josep Renalias (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)

Tiene alrededor de 60 años, delgada, poco más de 1.50 de altura y hundidos ojos negros que actúan como dique de contención del sufrimiento acumulado. Me la encuentro cada mañana en el tren cargada de bolsas y enfundada en unas llamativas zapatillas de deporte poco acordes al resto de su indumentaria. Bajamos en la misma estación y acostumbra a salir corriendo con la vista puesta en la marquesina de la calle de enfrente. En alguna ocasión la he escuchado lamentándose por haber perdido ese autobús de línea que le ahorra “40 minutos de caminata”.

Me la crucé hoy sábado en els Ferrocarrils en medio de una niebla de banderas. En un primer momento no la reconocí pero al bajar en la estación de Sarrià, su angustioso paso corto y veloz me ubicó. Era ‘La chica’, ‘La mujer’, ‘La nani’. Una de esas pluricuidadoras invisibles 24/7, que en legión suben y bajan de la tierra prometida dejando atrás a sus hijos para cuidar a los hijos de otros; hijos que siempre habitarán lados opuestos de la Diagonal. En realidad, su suerte es mejor que la de los muchos que tuvieron que regresar a su país sin más equipaje que las heridas del desprecio y la indiferencia de una sociedad arrogante e ingrata.

Pensaba en ello mientras bajaba Major de Sarrià en dirección al Tomás. Entre brava y brava, hojeando el periódico me topé con una noticia sobre “128 jóvenes españoles tirados en Alemania tras ser atraídos con una falsa oferta de empleo”. Lugares comunes de un guión bien conocido por estos lares: ilusiones, desesperación, promesas y muchos hijos de puta dispuestos a aprovecharse de todo ello. La historia de España en realidad, una historia que por primera vez ha criado una generación ajena al Lazarillo de Tormes que siempre fuimos y que, paradójicamente, hoy es víctima de la crueldad con la que pagamos en los días de vino y rosas.

Regreso caminando a la Barcelona mundana de la que salí y recreo en mi mente todos esos rostros de preocupación y miradas perdidas de personas de 40 y 50 con las que me tropiezo a diario. Caigo en la cuenta de que el silencioso rechinar de dientes y las mandíbulas en tensión no se deben a su desdicha. El dolor que les engulle surge de lo más profundo de sus entrañas: entre la vergüenza y la desolación toman conciencia de que sus hijos serán mañana, en cualquier otra parte del mundo, ‘La chica.

Si te pareció intersante, comparte esta entradaShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedInShare on Google+Pin on PinterestEmail this to someone

2 comentarios en “‘La chica’

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *