Tributo a la normalidad

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Hace menos de un año el Espanyol se arrastraba por el lodo de una Junta de Accionistas que puso colofón a una era de desgobierno, (des) vergüenza y sinsentido. En unas semanas se reeditará ocasión pero el contexto es, afortunadamente, muy diferente. Tanto, que hoy es posible escuchar a aficionados del Espanyol hablar de fútbol.

Valoramos la normalidad, entendida ésta como el sentido común aplicado a la gestión de un club de fútbol, porque hemos estado tanto tiempo sumidos en el caos que ahora, ese sentido común que encarna gente como Perarnau nos parece extraordinario. Y lo es, al menos para el Espanyol.

Volvemos a tener un equipo acorde a la realidad del club: un grupo consciente de que pelear más que el rival es el único salvoconducto para superar los 90 minutos con éxito. Ese es nuestro presente: sobrevivir, día a día, partido a partido. Sobrevivir a nuestro pasado, a nuestra gestión, a nuestros errores, a las ataduras, a los egos, a nosotros mismos y al entorno en definitiva. Sólo eso. Todo eso.

Hemos dejado de soñar con la luna de Montevideo y el esplendoroso futuro dibujado sobre papel mojado y estamos recuperando el presente. Debemos reconocer ese logro a los actuales dirigentes, encargados de realizar la transición hacia una normalidad tan necesaria como insuficiente en el medio plazo.

Como tantas otras veces en nuestra historia, hemos desaprovechado la oportunidad de dar un giro a nuestro destino: la Copa del 2006, la final de la UEFA del 2007 y el reencuentro con un hogar propio en 2009 no han sido suficiente para abrirnos un nuevo camino. El contexto no ha ayudado, es cierto, pero después de 113 años, ¿qué otra cosa podíamos esperar?: nadar contracorriente es y será marca de la casa, y escuela de vida.

Hemos recuperado el presente decíamos, sí, pero ganar el futuro pasa ineludiblemente por un proyecto, un relato y una gestión óptima de nuestros recursos que nos permita romper el techo de cristal autoimpuesto y explorar, de una vez, nuestras posibilidades reales sin complejos.

Haríamos bien en ayudar a los actuales rectores a reestablecer ese clima de normalidad que alumbre una nueva era en la que nos esté permitido mirar más allá del siguiente domingo. Un Espanyol capaz de abrir nuevos caminos estableciendo los estándares a seguir por el resto. Un club sin complejos que ofrezca asiento a todos los hijos futbolísticos de nadie que, a pesar del discurso oficial, siguen prefiriendo mirar el fútbol (y con él la vida) bajo un prisma diferente.

Rindamos tributo a la normalidad y ayudemos a cimentarla sin perder la fe en un futuro diferente y mejor. Porque como dice el gran Enric González, el Espanyol es una cuestión de fe y la mía es inquebrantable.

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1 comentario en “Tributo a la normalidad

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