Balance de otra mediocre temporada en el Espanyol

Hacer un balance de temporada cuando todavía faltan 4 jornadas es todo un síntoma de lo que ha sido la temporada 2012/13 en el Espanyol. Un déjà vu. Otro más.

Al #rcde le pueden ganar por calidad, de hecho cada vez más equipos lo hacen (a pesar de la devaluación de la Liga), pero ningún rival debería superarle en actitud y muchos lo han hecho. Es simple: la identidad de este club se basa en la lucha diaria por arañar centímetros sobre el césped, segundos en  televisión y pixeles en Internet. Lo demás, brindis al sol y proyectos de papel que se esfuman cada vez que el balón echa a rodar.

Como viene siendo costumbre, sobre el verde la temporada ha sido bipolar: una primera vuelta lamentable caracterizada por la falta de sentido en todo lo que se intentó, y una buena segunda mitad marcada por el reencuentro con la simplicidad y un sentido común siempre escaso en Cornellà-El Prat. Como los malos estudiantes, el equipo ha bajado la persiana al conseguir el suficiente y los jugadores (astuto Aguirre traspasándoles la responsabilidad consciente de la endeblez mental de sus muchachos) han decidido que hasta la 2013/14 ya está  todo dicho.

En los despachos la temporada no admite otro calificativo que el de bochornosa: desde el desgobierno de la era Condal, pasando por la vergonzosa semana de las 3 ruedas de prensa en prime time, hasta el espectáculo dantesco de la Junta de accionistas. Directivos y accionistas se han destapado como el peor enemigo del club. Por más que sea cierto el injusto trato mediático e institucional en Catalunya, para buscar al principal enemigo del Espanyol hay que mirar de puertas adentro. Como su figura, la aparente paz de Collet es sólo una cortina de humo, otra patada a seguir al endémico problema que representa el yugo institucional impuesto por familias, egos infinitos e innumerables rincones oscuros de una entidad condenada a ser un permanente intento fallido.

Mejorar y crecer requiere autoexigencia, inconformismo, sufrimiento y abandonar una zona de confort que es hábitat natural de un vestuario acomodado y autocomplaciente. Dos calificativos transmitidos por un palco carente de autocrítica y de visión: en un momento en el que escasean los recursos, aspirar a sobrevivir es morir poco a poco. En el fútbol que viene no hay lugar para los mediocres y eso es todo lo que hoy es el Espanyol: mediocridad.  Sólo sirve crecer, volver a llenar el estadio, volver a ilusionar, volver a ser reconocibles por un carácter y una personalidad única que reenganche a los nadadores contracorriente que ya remamos, y que atraiga a los que estarían dispuestos a hacerlo si no vieran en el Espanyol a otro club más, si dejaran de ver en el blanquiazul a un equipo del montón indiferenciable de otros 10 ó 12.

Podemos seguir lamiendo nuestras heridas, cabizbajos y aliviados por superar otro año más. Podemos volver a asentir ante los típicos tópicos para no analizar la raíz del problema. Podemos volver a repetirnos en nuestro interior que “somos el Espanyol”, o de una vez por todas, podemos gritar con fuerza que “¡somos el Espanyol!”.

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1 comentario en “Balance de otra mediocre temporada en el Espanyol

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