Del “¡Qué se jodan!” de Andrea Fabra al “Sí, hombre” de Rajoy

Andrea Fabra y Mariano Rajoy
Imagen del diario El Mundo

El “¡Qué se jodan!” de Andrea Fabra evidenció, por encima de corruptelas y nepotismo, la distancia que separa a los políticos de la realidad y su sensación de blindaje e impunidad ante una eventual reacción ciudadana. Mariano Rajoy (Presidente del Gobierno hoy, y Presidente del PP en el momento de los hechos) y su “¡Sí, hombre!” como respuesta a la pregunta por los supuestos pagos de dinero negro a militantes de su partido, son otra muestra de ese foso mental de seguridad que separa su reino de taifas político de la calle.

La única diferencia entre nuestra partitocracia de incompetentes y el despotismo ilustrado es, aparte de una racionalidad y un respeto por la cultura que hoy brilla por su ausencia, el lema que les inspira. Mientras los gobernantes y regentes del siglo XVIII tenían como referencia “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, los nuestros se basan en “todo para nosotros a pesar del pueblo”.

Y es que, con la connivencia del resto de ciudadanos (por acción u omisión), la política se ha convertido en un refugio para mediocres, sinvergüenzas profesionales y clanes familiares (y sus redes clientelares con las que se retroalimentan) que han encontrado en la esfera pública una forma cómoda y segura de progresar sin rendir cuentas ni asumir responsabilidades. Aquellos llamados a dar ejemplo en un momento crítico se permiten el lujo, no sólo de no actuar con ejemplaridad, sino de hacerlo con bajeza, sin ética ni dignidad (y en una altísima cantidad de casos, al margen de la ley).

Sí, también hay políticos honrados y válidos que entran en política por vocación; por supuesto, pero están perdiendo la batalla ante esos muchos que llegan a los partidos y las instituciones para servirse en lugar de para servir. A estas alturas ya no vale con no manchar, es necesario limpiar. Y no lo hacen, o no se nota.

En una democracia seria y madura en la que el respeto a la soberanía de los ciudadanos fuera algo más que una teoría vacía de contenido, sería imposible concebir un “¡Qué se jodan!” o ese incalificable “Sí, hombre” del Presidente de un Gobierno. O al menos, sería imposible que sucediera sin consecuencias.

Sólo el #15M, con sus defectos e inconsistencias, hizo temer a los partidos que fagocitan las instituciones. Se quedó en un susto (de momento), pero quizá por el desconocimiento del fenómeno, por primera vez en mucho tiempo sonaron las alarmas intramuros. El susto pasó y como cualquier mediocre, y los principales partidos son auténticas pirámides invertidas del talento, lejos de aprender la lección, los adalides de la partitocracia han decidido ampliar el foso y levantar más murallas para aislarse.

En un contexto de grandes dificultades e injusticias en el que cada vez más gente está siendo empujada a un callejón sin salida, La Casta ha escogido un camino muy peligroso.

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3 comentarios en “Del “¡Qué se jodan!” de Andrea Fabra al “Sí, hombre” de Rajoy

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