Sara Carbonero: campeones del mundo en linchamiento popular

Además de en fútbol, España es campeona del mundo de linchamiento popular. Deben existir razones culturales y antropológicas que expliquen “nuestro” gusto por la sangre y la presa fácil cuando estamos en manada (en solitario ya es otro cantar). Internet y las redes sociales son sólo nuevas plataformas que retratan de forma inmediata esa tendencia a la rapiña. El último ejemplo es el de Sara Carbonero, una periodista (sí, tan periodista como su compañero de retransmisiones Paco González que, como tantos otros, tampoco acabó la Licenciatura en Periodismo) de 28 años que tras pasar por varios medios locales y regionales, dio el salto a una tele nacional, La Sexta, y más tarde a Tele 5, al albor de una creciente popularidad que también le ha abierto puertas a nivel internacional (la mexicana Televisa y la italiana Mediaset Premium).

Al parecer, su gran pecado, además de ser la pareja de Iker Casillas, es haber tenido un par de errores de bulto en directos de más de 5 horas (el último en su entrevista post partido con Iniesta ) y no hacer aportaciones de gran relevancia desde su puesto a pie de campo: “es imperdonable/impresentable”, “no tiene ni idea”, “qué vergüenza”, “es una enchufada”, “está ahí por ser la novia de Casillas/ está ahí por ser guapa“ y un largo etc. de típicos tópicos pseudo moralistas. De repente, mucha gente ha descubierto que el nivel medio del periodismo deportivo español es… ¿bajo? (y no incluyo en la categoría “periodismo deportivo” a gente como Tomás Roncero que cubren un rol de agitadores/polemizadores), o que ser guapo/a ayuda a la hora de aparecer en pantalla, o que tener contactos y estar relacionado/a con personajes populares abre puertas. Breaking news! Bienvenidos a la realidad.

Como comunicador y periodista podría tratar de hacer una valoración (profesional) del trabajo de Sara Carbonero, como lo podría hacer del trabajo de muchos otros compañeros (y viceversa). Además, por supuesto, también tengo una opinión y unos gustos como espectador. Pero lo que tratamos aquí no tiene nada que ver con el trabajo de Sara Carbonero, ni con ella. Tiene que ver con todos nosotros, en especial con esos “compañeros” periodistas que han tenido un súbito ataque de dignidad y pulcritud profesional al calor de las antorchas. Estoy seguro de que si todos fuéramos tan exigentes a la hora de valorar nuestro trabajo diario como lo somos con el de Sara Carbonero, España sería líder en más cosas que en fútbol.

Esto no es una defensa de Sara Carbonero, ni de su trabajo, sino de su derecho a intentarlo, su derecho a tratar de hacerlo de la mejor forma posible sin ser innecesariamente tratada con crueldad. Si no es una buena profesional o no aporta el valor que su compañía considera que debe aportar, pasarán página sobre ella. La televisión no tiene memoria ni corazón y no le pinta baldosas amarillas a nadie. Hoy la televisión, y los medios en general, es sobre todo un baile de números (en gran parte, por dejación de funciones de esos periodistas que hoy lideran la cruzada).

Como es lógico, tampoco comparto el argumento simplón de algunas autoproclamadas feministas que saldan la cuestión poniendo la etiqueta de machista a todo aquel que ose criticar el trabajo de una mujer (algunas, como Elena Valenciano, se retratan solas). Quedan en evidencia y le hacen un flaco favor al resto de mujeres.

Sería conveniente que, antes de juzgar a los demás, reflexionáramos sobre lo que nos exigimos a nosotros mismos (y no vale hacernos trampas al solitario).

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