Gente gris, sillones verdes

Al mirar a alguna de esas personas grises que me rodean, imagino durante unos segundos lo que pensarán sobre sí mismos cuando lleguen a viejos. Cómo valorarán sus vidas, cómo se recordarán, qué pensaran de lo que hicieron o dejaron de hacer… Los imagino solos, sentados en un sillón verde, con la mirada perdida en el infinito frente a una ventana que deja pasar los últimos rayos de sol. Es una escena recurrente, una llamada de atención que me invita a replantear mi presente.

Hay pocas cosas más tristes que escuchar a alguien renegar de su pasado o, lo que es peor, tratar de reescribirlo. Personas llenas de amargura, desgracia y remordimientos que no se aceptan y son incapaces de convivir con su realidad. Gente que aparta su mirada de la zanahoria cuando es demasiado tarde para cambiar de dirección. Son vidas tiradas a la basura, oportunidades desaprovechadas.

Tarde o temprano todos pasaremos por ese sillón y es mejor estar preparado para no dejarse sorprender. Puedes engañar a cualquier otro, pero no a ti mismo.

Si estás a tiempo, y casi todos lo estamos, replantéate el día de mañana. Analízate sin miedo al dolor, cuestiónate, acepta tus contradicciones y destroza tus autoengaños. Puede resultar duro (o no) pero hay que saber de dónde se parte y proyectar el final del camino. Si no te gusta lo que ves, coge las riendas y cámbialo. No (te) valen excusas, diriges tu vida o te dejas llevar hasta el sillón verde. Es así de crudo y así de bonito. Depende ti.

Muchas organizaciones lo tienen entre su material corporativo y lo llaman “visión”, yo lo llamo tomar conciencia.

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1 comentario en “Gente gris, sillones verdes

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