Del blanco y negro al color… verde

Panorámica de Orihuela desde el río SeguraNota del autor: Esta entrada tiene un marcado tono personal y una ambientación local. Espero sin embargo que cualquiera pueda verse reflejado en el mensaje de cambio y en los valores que destila.

Suelo asociar mis recuerdos a colores y estos a sensaciones. Si pienso en Orihuela, tu pueblo y el mío, mis recuerdos hasta bien entrados los 18 años (allá por el año 2001) están impregnados de blanco y negro y tonos sepia. Tenía la sensación de vivir en un lugar paralizado, anclado en el tiempo. Un lugar donde nada pasaba; un lugar donde todo parecía regirse por normas y códigos ajenos a los comúnmente aceptados de puertas hacia afuera.

Los periodos electorales estaban marcados por esos códigos invisibles bajo los que se pagaban favores con actos estrambóticos (presididos por inmensas ollas de pelotas) llenos de brindis al sol en forma de proyectos faraónicos. La foto se repetía invariablemente cada 4 años. Eran “lugares” tan comunes como la Glorieta, los Andenes o el obsoleto Polideportivo de El Palmeral, que tras varias ciudades deportivas de papel, sigue siendo el “bastión” deportivo de la ciudad.

Durante esos años contemplé con una creciente indignación el desfile de barrigas agradecidas en todos los actos oficiales, el desprecio sistemático por la cultura y los valores, el enaltecimiento del pelotazo y el dinero negro, el caciquismo y la corrupción institucionalizada, la desvergüenza y sobre todo, la impunidad de quienes vendían mi ciudad al mejor postor a costa de mi futuro, con la connivencia de aquellos que, por acción u omisión, no lo impedían. Fueron años en los que Berlanga hubiera podido capturar grotescas anécdotas como el “bautizo” en Molins de una flota de coches de lujo propiedad de una Santa constructora.

Durante la última década, a caballo entre Valencia y Barcelona, he seguido el día a día de Orihuela bajo una fingida indiferencia. He leído las noticias sobre corruptelas, desmanes y basuras desde un indisimulado rencor, parapetándome en que cada ciudad y cada persona es responsable de sus decisiones y que ese era el destino que merecía Orihuela.

Si miro atrás, me doy cuenta de que ese rencor es injusto. Primero, porque a Orihuela le debo mi profesión de comunicador y un agudizado espíritu crítico. En Tele Orihuela, y gracias a la confianza de Joaquín Ezcurra (que en paz descanse), di mis primeros pasos. También le debo a José Luís Zerón, un gran escritor que aún estamos a tiempo de apoyar, la publicación de mis primeros textos en la revista Portada. Segundo, porque conozco a demasiada buena gente (quizá ese ha sido el problema y de eso se han aprovechado esos buitres disfrazados de gaviotas). Personas que me ayudaron a ser mejor profesional y persona: familia, amigos, profesores, colegas… No era justo que Orihuela, que ellos, debieran asumir un destino tan negro. Ninguna ciudad merece un ayuntamiento como el que hemos sufrido, pero sobre todo, ninguna persona merece que le roben su futuro. Después de 25 años de mentiras y descaro, todos sabemos quiénes están ahí para servir y quiénes para servirse.

Por encima de partidos y supuestas ideologías, el pasado sábado un intenso verde esperanza se abrió paso entre la oscuridad. El desenlace de esta historia está por escribir: todos debemos asumir la responsabilidad que nos toca para cambiar el destino de la ciudad. Depende de nosotros sacar a Orihuela de las páginas de política y sucesos y ponerla en las de innovación, tecnología, cultura o deportes. Depende de nosotros que se premie el talento y no la falta de escrúpulos.

Los oriolanos merecemos transparencia, participación, responsabilidad y honradez. Merecemos que nadie más deba recordar a tu pueblo y el mío en blanco y negro.

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6 comentarios en “Del blanco y negro al color… verde

  1. vito :
    ¡PERO QUÉ BIEN HAS RETRATADO A ORIHUELICA DEL SEÑOR! Me encanta, no la situación vivida en la ciudad, sinó la claridad y sinceridad con la que escribes. Tu relato es compartido por muchísima gente. Tú le has puesto la voz( escrita) a unas sensaciones q pensábamos que otros no las tenían. Ese rencor injusto, me hace pensar…Sólo espero que ésto sea el comienzo de un futuro diferente.
    Lo mejor la mención al sacramento en Molins.
    !SUERTE COMUNICADOR, QUE ESCRIBES MUY BIEN!

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